¿QUÉ ES EL EVANGELIO?



Contenido

1. La Biblia
    6. La salvación
2. Dios
    7. Los dos caminos
3. El hombre
    8. Los dos destinos
4. El pecado
    9. La vida eterna
5. Jesucristo
    10. La decisión







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La Biblia

¿Quién escribió la Biblia?

La Biblia es la Palabra de Dios; El es su autor. En 2 Timoteo 3.16 dice: "Toda la Escritura es inspirada por Dios." Ciertos hombres pusieron por escrito las palabras que Dios ordenó que escribiesen. Leemos en 2 Pedro 1.21: "Nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo."

A veces la Biblia se llama "las Escrituras."

En el Nuevo Testamento, Mateo, Marcos, Lucas y Juan escribieron los cuatro libros llamados los Evangelios. Pablo escribió el mayor número de libros. Santiago, Pedro y Judas (hermano de Jacobo) son los otros tres autores humanos. Todos ellos eran apenas instrumentos usados por Dios, siendo inspirados en el sentido que El les reveló la verdad y les dirigió en comunicarla a nosotros.

Además, la Biblia es la única obra escrita que es de plena inspiración divina. Apocalipsis 22.18,19, al final de la Biblia, nos advierte de las consecuencias de añadir o quitar de la Biblia. Por esto sabemos que ningún hombre ha hablado después con la aprobación de Dios para ampliar o cambiar lo que la Biblia dice. Ella es la única autoridad en los asuntos espirituales.

¿Cuántas Biblias hay?

Hay una sola. Básicamente no hay diferencia en las traducciones de la Biblia usadas por los católicorromanos y las que usan los evangélicos. Las Escrituras originales fueron redactadas casi de un todo en hebreo (el Antiguo Testamento) y griego (el Nuevo Testamento). En las distintas traducciones al español, los traductores emplean algunas voces diferentes, pero, si ellos han hecho bien su labor, el sentido debe ser el mismo. Algunas de estas "versiones" son más fieles que otras.

Muchas ediciones aprobadas por la iglesia romana, y algunas no católicas, tienen notas en el margen o al pie de la página. Son pensamientos humanos y no forman parte de la revelación divina; por lo tanto, pueden ser buenos y útiles, o pueden ser falsos.

¿Qué es el gran tema de la Biblia?

La Biblia contiene toda la revelación divina que es necesaria para la salvación del ser humano. Su tema principal es Jesucristo y su obra salvadora. Juan 20.31 dice: "Se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo ... y creyendo, tengáis vida en su nombre." 1 Juan 5.13 dice: "Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna."

¿Qué es el contenido de la Biblia?

La Biblia se compone del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento fue escrito siglos antes del nacimiento del Señor Jesucristo. Este relata cómo Dios creó el universo, y la historia del mundo antiguo. Contiene también los Salmos y los escritos proféticos acerca del Mesías llamado el Cristo. Dios usó a unos treinta autores para escribir sus 37 secciones o "libros."

El Nuevo Testamento fue escrito después de la muerte de Cristo. Jesús mismo no escribió trozo alguno con su propia mano, pero utilizó a sus apóstoles para que escribiesen después de su partida. Los Evangelios tratan de la vida, pasión y muerte de Jesús; los Hechos de los Apóstoles relatan el principio de la Iglesia verdadera; las Epístolas enseñan sobre la vida cristiana; y, el Apocalipsis anuncia acontecimientos futuros. En los 27 "libros" del Nuevo Testamento leemos del cumplimiento de muchas profecías expresadas en el Antiguo Testamento.

¿Por qué leer la Biblia?

Siendo la Biblia la revelación o explicación que Dios nos da de sí mismo y de su Hijo, debemos leer el libro con interés. Además, nos incumbe estudiarlo. Hechos 17.11 dice que los hombres de cierta ciudad eran nobles porque examinaron cada día las Escrituras para ver si era verdad lo que les fue enseñado por otros.

Jesús dijo: "Escudriñad las Escrituras ... ellas son las que dan testimonio de mí," Juan 5.39. Hoy día hay muchas opiniones acerca de las cosas de Dios, y cada persona está en el deber de comprobar su creencia a la luz de la misma Palabra de Dios. El apóstol Pablo le recordó a Timoteo: "Las Sagradas Escrituras ... te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús," 2 Timoteo 3.15.

Así que, no ha de considerarse la Biblia como apenas un texto de ciencia, historia o filosofía. Leámosla con reverencia, buscando la verdad con corazón sincero. Dios no engaña; El quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad, como dice 1 Timoteo 2.4.



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Dios

¿Hay Dios?

Las Sagradas Escrituras no argumentan sobre la evidencia de que Dios es. Ellas más bien declaran que El existe y que "es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay," Hebreos 11.6. Para ilustrar esta verdad, Hebreos 3.4 dice: "Toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios."

El hombre debe saber esto porque vemos a Dios en la creación. Declara Romanos 1.20: "Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas." Así, quien dice que no hay Dios, manifiesta que está ciego ante la evidencia y no quiere reconocer a su Dios.

¿Cuántos Dioses hay?

"Hay un solo Dios," y agrega 1 Timoteo 2.5, "un solo mediador entre Dios y los hombres." Los muchos dioses de los hombres son ídolos. El único Dios se revela en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Aunque no se encuentra en la Biblia la palabra trinidad, muchas escrituras hablan de esta Trinidad divina. Un ejemplo es Mateo 28.19, donde leemos de bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Nadie puede comprender o explicar cómo un solo Dios puede ser tres personas, porque somos humanos y finitos, pero El es divino e infinito. Lo creemos porque la Biblia lo revela.

¿Cómo es Dios?

Jesús dijo en Juan 3.16 al 18: "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. El que en él cree no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios."

¿Qué ha hecho Dios?

La primera y gran obra de Dios que conocemos es la creación del universo. El primer capítulo del Antiguo Testamento explica que El empezó esa obra con hacer los cielos y la tierra y luego continuó por etapas, terminando con la creación del ser humano. "De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres," Hechos 17.26. La Biblia rechaza de plano la idea de una evolución, y la verdadera evidencia científica apoya la enseñanza bíblica de que los animales se han reproducido según su género y especie.



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El hombre

Hechura de Dios

Dios creó todas las cosas, Efesios 3.9, y la creación del ser humano se destaca como su obra maestra. En la creación El manifestó que iba a hacer el hombre a su imagen. Que esto no puede referirse a su imagen física se ve por el hecho de que Dios es Espíritu, como ya aprendimos. Sabemos más bien que somos hechos en la imagen de Dios en cuanto a nuestra personalidad, siendo dotados de cualidades racionales y morales que nos distinguen de todos los animales. No hay duda de que el cuerpo humano en algunas cosas físicas es parecido al de algunos animales. Sin embargo, es evidente que no procedemos de bestia, porque Dios nos ha dado un gran don que El negó a todo otro. Es la facultad de conocerle a él.

Constitución tripartita

La Biblia enseña que el hombre y la mujer están formados por tres partes: espíritu, alma y cuerpo. Véase 1 Tesalonicenses 5.23.

Grupo de personas.Por el espíritu el hombre tiene contacto con Dios. "¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios," 1 Corintios 2.11. Es la iluminación divina en todo ser humano, como dice en el Antiguo Testamento: "Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo del corazón," Proverbios 20.27. La virgen María dijo: "Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador," Lucas 1.47. Esto prueba que el espíritu no es meramente la respiración del cuerpo.

Por el alma, que es el asiento principal de la personalidad, el hombre es consciente de sí mismo y de los demás. El alma no muere con el cuerpo; Jesús dijo: "No temáis a los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno," Mateo 10.28. En la muerte el alma sale del cuerpo y continúa su existencia eterna.

El cuerpo es la parte terrenal y mortal del hombre. Pedro habla de abandonar el cuerpo, 2 Pedro 1.14, y Pablo dice que si su morada terrestre se deshace, él tiene de Dios una casa en los cielos, 2 Corintios 5.1. Ambos se refieren a la muerte del cuerpo.

Es evidente pues que la existencia del ser humano no se limita a esta tierra; él o ella ha de existir para siempre. No se acaba todo con la muerte. La muerte del cuerpo traslada el alma de su estado en el cuerpo a un lugar más allá, y veremos que puede ser a un lugar de felicidad o a uno de tristeza eterna.

Libre albedrío

Dios ha dado al hombre libertad para obrar según su propia voluntad. Esto se llama el libre albedrío. El dio este poder a los ángeles también, los cuales fueron creados para el servicio de Dios. Algunos de ellos desobedecieron. El gran ángel Lucero, llamado ahora el Diablo o Satanás, se opuso a la voluntad de Dios. El fue arrojado del cielo y otros ángeles con él.

Satanás está en el mundo; no está en el infierno como muchos se imaginan. 2 Corintios 4.4 nos da una idea de su poder sobre el hombre: "El dios de este siglo [mundo] cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio." El no quiere que obedezcamos la voluntad de Dios; él quiere ganar para sí la voluntad humana.

El ser humano fue hecho libre pero perdió su libertad porque doblegó su voluntad para hacer obedecer al pecado. El:

El Diablo, el mundo y la carne se aprovechan de todo esto para cautivar al hombre y ejercer en él su despotismo.

Sin embargo, su destino depende de su propio escogimiento. Dios no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento; 2 Pedro 3.9. No existe ningún desgraciado que esté predestinado a la desobediencia y al juicio contra su propia voluntad. Todo hombre y mujer puede escoger obedecer a Dios y recibir la vida eterna que El da. "El que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente," Apocalipsis 22.17.

Responsabilidad

Esta libertad de cada persona le hace responsable por su alma. Por cuanto Dios nos hizo libres, tendremos que presentarnos ante él y dar cuenta. "Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí," Romanos 14.11,12.

Hay las dos influencias contra la voluntad nuestra: la influencia para bien de parte de Dios, y la influencia para mal de parte del Diablo. Cristo tiene poder para con el que le busque. Dijo: "Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres," Juan 8.36. Usted es responsable de escoger a quién servirá.



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El pecado

¿Qué es el pecado?

Algunos creen que el pecado comprende apenas los crímenes e injusticias mayores. En cambio, el apóstol Pablo afirma que "todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios," Romanos 3.23. El pecado no es tan sólo hacer algo que la sociedad no aprueba; es, como nos indica la escritura citada, encontrarse falto de la intachable justicia de Dios. Todo ser humano está por naturaleza en esta triste condición.

Santiago ve el germen del pecado en la concupiscencia y malos deseos, como verá en la trágica secuencia que figura en Santiago 1.14,15. Uno va cuesta abajo, dice, empezando por la tentación y terminando con la muerte. Los pensamientos malos, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez son pecados, lo mismo como el adulterio y el homicidio. Todos contaminan al hombre; Marcos 7.21 al 23.

"Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado," Santiago 4.17. Así, la falta de cumplir nuestro deber es pecado. El que hace acepción de personas comete pecado, porque Dios dice: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo," Santiago 2.8,9. "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos," 1 Juan 1.8. El pecado es, entonces, todo movimiento de la voluntad humana contra la voluntad de Dios, sea consciente o inconsciente.

¿Cómo se originó el pecado?

El Diablo, transformado en serpiente, engañó a Eva con astucia en el Edén, 2 Corintios 11.3. Los primeros capítulos del Antiguo Testamento relatan mayores detalles. Dicen que los primeros humanos, Adán y Eva, vivían en la inocencia y gloria, con dominio sobre sí mismos y sobre la creación que Dios había encomendado a su custodia.

Dios les dio todo en aquel paraíso. Pero, en su sabiduría divina, guardó una sola cosa: el conocimiento del bien y del mal. Tal conocimiento fue representado en un árbol, y Dios dijo claramente a Adán que él podía gozar de todo en aquel paraíso excepto de dicho árbol. La tal cosa les traería no sólo el conocimiento del mal sino también la participación en él. Adán y Eva desobedecieron. Su actuación fue rebeldía contra Dios, y se convirtieron en pecadores.

¿Qué resultado trae el pecado?

"El pecado entró en el mundo por un hombre [Adán], y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron." Y, "la paga del pecado es muerte," Romanos 5.12, 6.23. Adán murió espiritualmente de una vez al pecar; es decir, la amistad que tenía con Dios fue rota, y él fue separado de la presencia divina. Físicamente, él murió muchos años más tarde.

Esta es la regla divina, aun para nosotros. El pecado rompe la comunión entre Dios y el hombre. Trae la miseria. Tarde o temprano, trae la muerte física también.

¿Somos nosotros pecadores?

Adán pecó y toda la raza pecó en él, de manera que existe la raíz del pecado en todo ser humano. Es así aun antes de que uno cometa un acto voluntario de pecado. En Mateo 15.18 al 20 Cristo habla del mal que hay en el corazón del hombre: "Del corazón salen los malos pensamientos ..." Pablo escribe en Romanos 3.10 al 12: "No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles. No hay quien haga lo bueno; no hay ni siquiera uno."

Es cuando Dios nos despierta que le buscamos de verdad; por naturaleza queremos hacer según nuestra voluntad propia.

¿Tenemos nosotros la culpa?

Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios, porque Dios no tienta a nadie; Santiago 1.13. No podemos echar la culpa a Dios, ni a Adán. "Por la transgresión de uno [Adán] vino la condenación a todos los hombres; de la misma manera por la justicia de uno [Cristo] vino a todos los hombres la justificación de vida," Romanos 5.18.

Por medio de su Hijo, el Dios y Padre salva de los resultados del pecado. El nos ofrece el perdón y nos libra de la condenación del pecado. Nadie se perderá por ser hijo de Adán, sino por no haber recibido la salvación que Dios provee por medio de Cristo.

La condenación, aclara Juan 3.18,19, es que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz porque sus obras eran malas. Y, valga añadir, fue Jesús, y sólo El, quien pudo decir: "Yo soy la luz del mundo," Juan 8.12.



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Jesucristo

Su existencia antes de nacer

La historia atestigua la vida de Jesús de Nazaret, que nació en Belén y murió cerca de Jerusalén más de treinta años después. Pero la Biblia declara que en realidad El existía antes de su nacimiento terrenal. El es la verdad, el Dios eterno y todopoderoso, que hace unos dos mil años se hizo hombre.

La deidad y divinidad de Jesucristo es un gran tema de la Biblia:

Su vida terrenal

Formando parte de la Trinidad divina, el Hijo de Dios vino a este mundo en forma humana. El nació de la virgen María, quien había concebido del Espíritu Santo, Mateo 1.18. Siendo Dios, se hizo (y es) verdadero hombre. El poseyó

El sufrió lo que sufre todo ser humano: cansancio, sed, hambre, como en Juan 4.6 al 8. "El fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado," Hebreos 4.15. También fue tentado por Satanás como ningún otro, Lucas 4.1 al 13, pero nunca hizo pecado, ni se halló engaño en su boca, 1 Pedro 2.22. Fue el único ser humano que nunca conoció el pecado, y así era perfecto y puro, aun estando físicamente presente en este mundo vil.

Su muerte

La muerte del Señor Jesucristo fue única. Siendo sin pecado, El no tenía por qué morir como es la suerte de otros. No fue por casualidad ni por desgracia. Los hombres se hicieron culpables de matar a un inocente, Hechos 2.23, 3.14,15. Sin embargo, Cristo sabía esto de antemano y dijo: "Nadie me quita la vida; tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar," Juan 10.18. "Es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado [en la cruz]," había dicho en Juan 3.14. Su muerte fue a propósito, con el fin de redimir a la humanidad.

Los sacrificios de animales, narrados bajo la Ley de Moisés en el Antiguo Testamento, habían profetizado todo esto para el pueblo de Israel, y son una ilustración de estas verdades para nosotros. Con estas figuras en mente, Juan el Bautista exclamó, al ver a Jesús: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo," Juan 1.29.

"Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos. Donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado," Hebreos 9.28, 10.18. Así la muerte de Cristo excluye la necesidad de todo otro sacrificio de parte nuestra.

Su resurrección y ascensión

Cristo entregó su espíritu una vez que había exclamado, "¡Consumado es!" Juan 19.30. Para asegurar su muerte, un soldado abrió su costado; salieron sangre y agua, comprobando que había muerto. Su cuerpo fue enterrado en sepulcro nuevo, el cual fue sellado y guardado por soldados romanos. Pero al tercer día el Cristo resucitó; su cuerpo salió vivo de la tumba; Lucas 24.6.

La resurrección de Cristo comprueba que Dios aceptó su muerte para cancelar los pecados nuestros que El expió. Después, apareció con muchas pruebas incuestionables durante cuarenta días, a veces a más de quinientos de sus seguidores, 1 Corintios 15.1 al 6. Luego ascendió al cielo, donde permanece poderoso para salvar e interceder por los que por él se acercan a Dios, Hebreos 7.25. El es el único pontífice verdadero; es un sumo sacerdote que puede compadecerse de nosotros y socorrernos, Romanos 8.34. Pero los santos muertos, a quienes algunos hombres claman en su apuro, no han sido resucitados.

Su segunda venida

Cristo dijo antes de su partida: "Vendré otra vez," Juan 14.3, Mateo 24.30. Los ángeles anunciaron: "Este mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros al cielo, así vendrá," Hechos 1.11. Los apóstoles declararon: "He aquí viene con las nubes, y todo ojo le verá," Apocalipsis 1.7, Santiago 5.8, 2 Tesalonicenses 1.7 al 9. Cristo regresará con poder y gloria para juzgar a los que no son salvos.



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La salvación

¿Es necesaria?

El término la salvación quiere decir la liberación de un peligro personal o de una calamidad. Espiritualmente todos corren el peligro de muchas cosas. Por ejemplo, uno necesita la salvación porque es pecador en peligro de ser castigado. "Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. La paga del pecado es muerte," Romanos 3.23, 6.23. El humano está perdido en su búsqueda de paz y solaz, pero "el Hijo del Hombre [Jesús] vino a buscar y a salvar lo que se había perdido," Lucas 19.10.

Sin Cristo, somos ciegos en lo espiritual. No nos ha resplandecido la luz del evangelio de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo; 2 Corintios 4.4. La Biblia nos cataloga de enfermos. "Los sanos no tienen necesidad de médico," dijo Jesús en Mateo 9.12,13, "... no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento." Quizás peor, "todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado," Juan 8.34 al 36. Pero, añadió Jesús, "si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres."

En síntesis, sin la salvación uno está espiritualmente muerto "en delitos y pecados," como lo expresa Efesios 2.1. Está condenado y en espera de juicio. "El que en él [Cristo] cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios," Juan 3.18.

¿Es posible?

Si fuera posible salvarnos a nosotros mismos, vamos a decir por medio de obras o sacrificios, estaría de más la muerte de Cristo; Gálatas 2.21. Pedro predicó: "En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre ... en que podamos ser salvos," Hechos 4.12. Pablo expresó el quid del asunto: "Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe," Efesios 2.8,9. Nadie llegará al cielo jactándose de haberlo alcanzado por sus propios méritos.

Cristo puede salvar del castigo; puede perdonar los pecados. "Por medio de él se os anuncia perdón de pecados ... en él es justificado todo aquel que cree," Hechos 13.38,39. La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado. En la sección ¿Es necesaria? notamos siete puntos que tratan de condenación; veremos ahora siete que dicen que Cristo puede y quiere bendecirnos.

¿Cómo conseguirla?

El mismo Jesús predicó: "Arrepentíos y creed en el evangelio," Marcos 1.15. Así fue que Pablo predicaba · el arrepentimiento para con Dios, y · la fe en nuestro Señor Jesucristo; Hechos 20.21. El arrepentimiento quiere decir más que tristeza por haber faltado. Es reconocerse perdido por completo, y confesarse pecador. Esto precede a un cambio de actitud; viene antes de la resolución de buscar al Señor. El arrepentimiento conduce a la salvación que es en Cristo Jesús. Dijo El: "Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente," Lucas 13.3.

Dios manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan, dijo Pablo a los atenienses en Hechos 17.30. La salvación tiene que venir por la fe personal en Cristo, quien dijo: "El que cree en mí tiene vida eterna." Esta creencia es más profunda que el mero saber que Cristo murió en una cruz. Significa más bien el creer que El murió a favor de cada pecador individualmente.

También encierra la confianza plena en la obra de Cristo, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación. "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo," Romanos 4.25, 5.1.

Pablo te dice a ti en Romanos 10.9,10: "Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación." Esto no es reconocer la verdad del evangelio; es apropiarse de todo corazón de Cristo y de la salvación que El ofrece. No es cuestión de creer en Dios, sino de creer a Dios cuando El te ofrece una salvación tan grande.



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Los dos caminos

¿Qué significan los dos caminos?

La exhortación de Cristo en Mateo 7.13,14 es: "Entrad por la puerta estrecha." Luego explica: · Ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. · Estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

La vida, pues, es parecida a un viaje. Cristo señaló que toda la humanidad se divide en dos grupos que andan por sendos caminos. La mayoría anda mal y termina en la perdición. La minoría halla el buen camino que conduce a la vida eterna. ¿Quién sale de viaje sin preparativos o sin saber a dónde va? Nos toca, por lo tanto, considerar las palabras de Cristo.

¿Por qué es ancho el camino malo?

Es ancho porque muchos andan por él. Dios dijo: "Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles," Romanos 3.12. Aunque nos parezca un dicho extravagante, El indica por esto que no hay quien no se haya extraviado de la senda de la justicia. Es porque empezamos mal. La puerta es ancha; nacimos todos con la raíz del pecado; seguimos por su camino por nuestra propia voluntad. No hay hombre ni mujer que no haya manchado su vida en algo.

La opinión humana no siempre concuerda con esto. Salomón escribió que todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión, y agregó que hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte; Proverbios 14.12, 16.25. Por este camino andan todos los que practican el pecado. Junto con ellos, en ese camino ancho que admite a toda suerte de gente, andan los religiosos que no se hayan arrepentido de verdad para entrar por la puerta única y estrecha.

Caín, por ejemplo, era religioso y creía en Dios, ofrendándole las obras de sus manos en penitencia. Dios no las aceptó porque Caín había rehusado la sangre de un sacrificio; Génesis capítulo 4. El apóstol Judas, refiriéndose a este caso, lamentó que muchos siguen el camino de Caín; Judas 11. Van a la perdición a pesar de que dicen creer en Dios, y a pesar de sus penitencias.

En el discurso de Mateo 7, Jesús habló no sólo de dos puertas y dos caminos, sino también de dos árboles y dos casas. El hizo ver que es la naturaleza del árbol lo que determina su fruto, y es el fundamento de la casa lo que da su seguridad. El fruto malo y la casa caída son ilustraciones de personas con la confianza mal puesta en cuanto a la eternidad. ¡En el camino ancho caben toda clase de pecadores!

¿Por qué es estrecha la puerta del camino bueno?

Es lamentable pensar que Cristo haya tenido que decir que pocos son los que hallan el camino a la vida eterna. Pero, hoy por hoy, es así. Cada cual parece estar satisfecho con su propio camino, y pocos buscan la verdad de todo corazón. Se dejan engañar por la astucia del Diablo quien genera tanta confusión por las muchas religiones. Cristo no dijo que son muchos los caminos al cielo. Hay uno solo. La puerta es estrecha porque la entrada se limita por las condiciones que Dios impone. No cabe toda opinión humana.

Sólo Jesús ha podido proclamar: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí," Juan 14.6. El apóstol Pedro afirma: "En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos," Hechos 4.12. Este camino fue abierto por Cristo y su obra en la cruz. Por cuanto ningún otro ha derramado sangre inocente en expiación por los pecados, la entrada al cielo se limita a aquellas personas que son perdonadas por su fe en la sangre de Cristo. El que busca perdón de sus pecados de otra manera, o por otro nombre, indica claramente que no tiene fe en la eficacia de la sangre de Jesús. Para el tal Jesucristo ha muerto en vano.

¿Qué se debe hacer?

No debemos engañarnos. Debemos tener la seguridad de estar en el buen camino. Está equivocado el que confía en nombre alguno que no sea el de Cristo. Si uno se encuentra equivocado en cuanto al camino, debe buscar el correcto. Cristo dijo: "Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán," Lucas 13.24. Siempre hay obstáculos que vencer. No debemos dejar que otro nos estorbe en buscar la salvación, ni tener temor de qué dirán los demás. Hay que confiar como dijo el Señor, no sea que se incluya entre los muchos que quedan en el mal camino.

Toda puerta tiene sus dos lados. Hablando de la salvación, Cristo dijo: "Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo," Juan 10.9. Cada cual está lado afuera, sin Cristo, o lado adentro, habiendo entrado por fe en la vida nueva y eterna.



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Los dos destinos

¿Qué significa la perdición?

Hemos notado ya que el camino ancho conduce a la perdición; Mateo 7.13. Jesús habló en cierta ocasión de dos hombres que murieron; véase Lucas 16.19 al 31. Uno de ellos, llamado Lázaro, fue a donde estaba Abraham, salvo en el Paraíso, Mateo 8.11. El otro al morir fue a los tormentos del Hades, el otro lugar de espera de los muertos. Al pedir misericordia —se trata de un hecho histórico— fue informado de que una grande sima está puesta entre él y el Paraíso, de manera que no le sería posible pasar de un lugar a otro.

De ese comienzo de la condenación no hay escape. Ni plegarias ni misas pueden rescatar al alma perdida. Lejos de desear que sus familiares le acompañasen donde se encontraba él, ese hombre pidió que se les avisara para que no fueran a parar ellos en ese tormento.

En el porvenir habrá la resurrección del cuerpo, cuando los perdidos de todos los tiempos irán a su juicio final. Se trata de la segunda de las dos resurrecciones que expuso Jesús en Juan 5.28,29, una de vida y otra de condenación: "Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán."

En Apocalipsis 20 leemos del traslado de los perdidos en el Hades al Infierno. El apóstol Juan escribe en estos términos: "Vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios, ... y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras ... La muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos ... Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda."

Este es el destino final de quien no tiene a Cristo. Se llama la muerte segunda, en contraste con el "nacer de nuevo," o el segundo nacimiento que es la experiencia de ser salvo, de recibir a Cristo; Juan 3.3 al 8. Cada camino conduce irreversiblemente a su destino.

En el Infierno hay "el llorar y el crujir de dientes," el remordimiento de la conciencia acusadora, y el tormento que resulta de la separación, soledad y desespero. "El humo de su tormento sube por los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche," Apocalipsis 14.11.

¿Qué es el destino dichoso?

La persona salvada no teme el porvenir. Al partir de esta vida — al salirse el alma del cuerpo — la tal persona va a estar con Cristo, que es muchísimo mejor; Filipenses 1.23. "Confiamos ... estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor," 2 Corintios 5.8. Jesús dijo a sus discípulos: "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay ... voy, pues, a preparar lugar para vosotros," Juan 14.1,2.

Otro pasaje que trata de esto es 1 Pedro 1.3 al 5: "El Dios y Padre ... nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros ..." Así las almas salvadas van a la Gloria, a esperar la primera resurrección de Juan 5.29.

Un día, quizás muy pronto, acontecerá algo maravilloso. Cristo vendrá al aire y resucitará los cuerpos de todos los muertos salvados. "No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; ... los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados," 1 Corintios 15.51,52.

En ese instante los demás salvos, viviendo aquí aún, serán trasladados al cielo sin morir, transformados ellos a la vez. "El Señor mismo, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor," 1 Tesalonicenses 4.16,17.

Ellos participarán en el eterno gozo de la ciudad celestial. "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. No habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos." Apocalipsis 21.4, 22.1 al 5.

¿Hay purgatorio?

El purgatorio es un invento de la religión humana. Los santos apóstoles nunca hablaron de él. El Señor Jesucristo habló de dos caminos y dos destinos, del Cielo y el Infierno, pero nunca de un purgatorio. El rico muerto, de quien usted leyó en Lucas 16, no tenía esperanza de expiar sus pecados para luego salir de sus tormentos.

"El Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados," Mateo 9.6. Después, no. "De la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos," Hebreos 9.27. A uno que acudió a El, dijo: "Hijo, tus pecados te son perdonados," Marcos 2.5. A otros: "Al que a mí viene, no le echo fuera," Juan 6.37. Todavía el lugar de la purgación es, como si fuera, a los pies de Jesús. "Testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo," 1 Juan 4.14.



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La vida eterna

¿Qué es la vida eterna?

La vida natural procede de Dios, pero a causa del pecado humano esta vida no es eterna; es mortal. El cuerpo muere y el alma se separa de la vida física. Además de la muerte corporal, Dios habla de la muerte espiritual. Esta es la condición actual del hombre o mujer en sus pecados, apartado de la vida eterna. Pablo dijo a los convertidos de la ciudad de Efeso: "El [Cristo] os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados," Efesios 2.1. Así, no es una prolongación de la vida natural sino una nueva y espiritual. En ella podemos gozar de la comunión o amistad con Dios.

Como el hombre inconverso —el que no ha nacido de nuevo, que no es salvo— está muerto espiritualmente aun en su vida terrenal, asimismo el hombre salvado posee ya la vida espiritual. Esta vida eterna es el resultado de la salvación que tratamos en Los dos caminos; es la experiencia de pasar del camino ancho al angosto.

Además, queremos ver ahora que la vida nueva viene por un nacimiento nuevo. Dijo Jesús a Nicodemo, hombre culto y religioso: "El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios." El relato interesante está en Juan 3.1 al 21. Nicodemo había mejorado su vida terrenal pero le faltaba la eternal. Jesús indicó que ésta no se relaciona con un nacimiento físico, sino que es una experiencia espiritual; es el comienzo de la vida eterna.

¿Quién la imparte?

Es sólo el Espíritu Santo quien imparte la vida eterna. Ninguno es hijo de Dios por nacimiento natural, aun si fueran sus padres los más santos. "No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios," Romanos 9.8. En Juan 1.12,13 leemos que "... hijos de Dios ... no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios." Esto comprueba que ninguno puede hacer a otro hijo de Dios por ritos y bautismos. Las tales cosas son de afuera y no renuevan el corazón.

El Espíritu Santo usa la Palabra de Dios para efectuar su obra. Vamos a citar tres trozos:

Un gran principio bíblico es que "la fe es por el oir, y el oir, por la palabra de Dios," Romanos 10.17. Uno puede salvarse sin ayuda humana, sin predicador, sin sacerdote y sin entrar en capilla. El Espíritu de Dios hace la obra en uno. Oir su voz y aceptarla son los requisitos de Juan 5.24: · "El que oye mi palabra, · y cree al que me envió, · tiene vida eterna ..."

¿Qué se hace para recibirla?

Como ejemplo, Jesús habló a Nicodemo en Juan 3.14 acerca de la historia de Israel escrita en Números 21, en el Antiguo Testamento. En cierta ocasión Dios castigó a esa gente por medio de serpientes venenosas que mordían al pueblo en el desierto. No había remedio que valiera, y ningún hombre sabía curarlos. Moisés clamó a Dios, quien mandó que hiciera una serpiente de bronce, y que la levantase sobre una asta en el campamento. Cualquiera que la mirara viviría.

Aplicando este ejemplo de la antigüedad a nuestros tiempos, Jesús dijo: "Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna."

De esta manera Cristo indicó que la humanidad está bajo la condenación de muerte y no encuentra remedio en sí. El vino para salvarnos y darnos la vida eterna. El no murió por pecados propios; Cristo · no hizo pecado, · no conoció pecado, y · no hay pecado en él, 1 Pedro 2.22, 2 Corintios 5.21, 1 Juan 3.5. Jesucristo es el gran, único sustituto; "El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida," 1 Juan 5.12. Testificó Pedro a ciertos creyentes: "Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, ... no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo," 1 Pedro 1.18.

¿Qué es la evidencia de poseerla?

"La fe sin obras está muerta," Santiago 2.26, pero la fe verdadera produce su buen fruto en la vida diaria. Cristo efectúa una conversión en la persona que le acepta. Muchos hablen mal del evangelio, pero nadie puede negar que ha cambiado radicalmente a millones.

Nadie puede decir que no podría permanecer, porque Cristo puede salvar y guardar: "... salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos," Hebreos 7.25.



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La decisión

¿Es preciso decidir?

Los temas de las secciones anteriores son de cosas personales. No podemos evitarlos. La salvación para la vida eterna es de tanta importancia que conviene a cada cual recapacitar bien. El dejar de decidir es de hecho optar por rechazar.

Pilato preguntó: "¿Qué, pues, haré de Jesús llamado el Cristo?" Mateo 27.22. El se lavó las manos delante de todos como inocente del rechazamiento de Cristo, pero su neutralidad le condenó. Cristo había dicho: "El que no es conmigo, contra mí es," Mateo 12.30. Al no haber pasado por la puerta que es Jesús, estamos en el camino ancho; al no tomar el paso de fe, vamos rumbo a la condenación.

¿Cuándo debe uno decidir?

Agripa contestó a Pablo, después de oir su presentación del evangelio: "Por poco me persuades a ser cristiano," Hechos 26.28. Luego él aplazó la decisión y nunca llegó a ser cristiano. Otro gobernador romano, Félix, dijo: "Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré," Hechos 24.25 al 27. Pero, a pesar de haber conversado con Pablo durante dos años siguientes, nunca llegó a ser salvo. "Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones," Hebreos 3.15. El Diablo siempre dice Mañana, pero ese mañana no llega nunca. Dios dice Hoy: "He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación," 2 Corintios 6.2.

Cristo dice en Apocalipsis 3.20: "Estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo." Está claro que El no habla de la puerta de la salvación que estudiamos en la sección 7. Elocuentemente las Escrituras emplean figuras para que entendamos con facilidad: Cristo espera a "la puerta" de cada individuo. La proclama de Isaías 1.2 fue: "Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová ..." y en seguida, 1.18: "Venid, luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana."

¿Cómo se puede decidir?

Si uno reconoce la verdad de la evaluación divina del ser humano, y ve el peligro que corre, ya está cerca del reino de Dios. Sin embargo, falta la cosa principal: apropiarse de la salvación. Por ejemplo, el médico receta el remedio apropiado para el enfermo, pero de nada vale hasta que el enfermo siga la indicación y se valga de la solución a su alcance. El hambriento puede tener el pan en la mano sin dudar que le saciaría, pero sigue con hambre hasta comérselo. Jesús dijo: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás," Juan 6.35.

Por esto, cada uno tiene que apropiarse de la oferta para sí mismo. Es de balde. "La paga del pecado es muerte, mas la dádiva [el regalo] de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro," Romanos 6.23." A todos los que le recibieron ... les dio potestad de ser hechos hijos de Dios," Juan 1.12.

La decisión se hace, pues, con sencilla fe en Cristo: "Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesores con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo," Romanos 10.8,9. Bueno es doblar la rodilla en oración a Cristo, pero no delante de imagen alguna, para darle las gracias por su salvación.

¿Qué será el resultado?

Si la decisión es negativa, Hebreos 2.3 pregunta: "¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?" A su vez, Pedro pregunta: "¿Cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?" 1 Pedro 4.17. Si bien "el que en él cree, no es condenado," Juan 3.18, el resto de la cita es: "el que no cree, ya ha sido condenado."

Para quienes toman el paso de fe, grande pero fácil, son las palabras: "Habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios," 1 Corintios 6.11. Las tales personas dirán con el apóstol Pablo: "No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree," Romanos 1.16.

La victoria es segura, con todo que Satanás ruja y los incrédulos se opongan. "En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo," dijo Jesucristo en Juan 16.33. "Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?" Romanos 8.31.

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