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Tres escuelas escatológicas La necesidad del milenio La doctrina bíblica del milenio Características del reino La administración en el milenio La adoración en el milenio La rebelión postmilenaria |
W. J. Maybin , Inglaterra, Prophetic Witness, 1971 |
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El reinado personal de Jesucristo sobre la tierra será el período más glorioso de la historia humana, la época que la creación ha esperado desde la Caída en el Edén. Será el jubileo terrenal, la edad de oro de la cual los poetas han soñado y los políticos han debatido. Es la Biblia que explica cómo se realizará. La historia ha manifestado que el hombre ha fracasado en toda dispensación y las Escrituras proféticas predicen un proceso gradual de deterioro que terminará en una rebelión contra Dios en escala cósmica. Enseñan de manera diáfana que el reino teocrático de Dios espera la venida del Rey cuyo es el derecho a gobernar. Por cierto, esta anticipación es la meta principal de la escatología* bíblica. Los profetas y salmistas han discantado sobre esta era en lenguaje por demás inspirado; Cristo enseñó a sus seguidores a orar por su inauguración; los apóstoles lo aceptaban y los venerables de la Iglesia primitiva incluyeron esta verdad en sus escritos. [Escatología: las doctrinas relativas a la vida de ultratumba.] Milenio es un término latino que significa un lapso de mil años, y la teología lo aplica al reino administrativo de Jesucristo sobre la tierra del cual habla Apocalipsis 20.1 al 6: Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo. Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años. Esta es la primera y única referencia a la cronología del reino, pero no la única mención del milenio. La venida premilenaria de Jesucristo no depende de solamente seis versículos en el Apocalipsis; es el tema de profecía en el Antiguo Testamento y el contenido de mucho del Nuevo, tanto de los labios del Señor como de la pluma de sus apóstoles. Es evidente en Apocalipsis 20 que habrá un interregno, un reino administrativo, que precederá la historia final de la raza humana y cederá lugar a los cielos nuevos y la tierra nueva. Los escritos paulinos insinúan este período entre el arrebatamiento de los santos y la realización del juicio, pero es el Apocalipsis que lo aclara. Es mandatario aplicar aquí el principio de una revelación progresiva. Un comentarista ha hablado de "la perspectiva profética de la Biblia," mostrando que la profecía en el Antiguo Testamento presenta los acontecimientos futuros sin referencia alguna a la secuencia de las diversas etapas en la realización de los propósitos divinos. Lo inmediato y lo distante se fusionan, y es sólo cuando llegamos a los escritos de Pablo y Juan que captamos que el advenimiento de Cristo por los suyos y la consumación de la dispensación son eventos distintos. Una consideración honesta de ambos Testamentos sirve para dirigir nuestra atención a un venidero reino mesiánico sobre la tierra y un trono con ocupante real procedente de la casa de David. El anuncio a María en Lucas 1.31 al 33 fue: "Darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin." ¿Acaso podemos espiritualizar estas palabras y decir que son una referencia críptica a la Iglesia? Si creemos que ella iba a concebir literalmente a un hijo, mal podemos decir que los versículos inmediatamente posteriores no se refieren a reinar literalmente. Este anuncio angélico gira en torno de la terminología del pacto con David sobre el trono, casa y reino, todo lo cual se confirma aquí. La aceptación plena de estas palabras en Lucas, apoyada por el estudio del Nuevo Testamento, es que el reino que el Señor Jesucristo va a gobernar es el mismo reino teocrático prometido en el Antiguo Testamento. Tres escuelas escatológicas Es preciso reconocer que hay diferencia de criterio entre los estudiosos de la profecía. (a) La escuela postmilenaria enseña que el reino de mil años tendrá lugar antes de la venida de Cristo. Esta "nueva hipótesis" fue promocionada por Daniel Whitby, un filosófico unitario inglés del siglo 17. El exponía que el mundo sería convertido a la larga por medio de la predicación del evangelio. Por ende, el postmilenarismo tiende a exaltar la Iglesia a expensas a la intervención divina de Cristo. Los teólogos liberales del siglo 19 y los primeros años del siglo 20 abrazaron este punto de vista. Ellos ponían más énfasis en las agencias morales y sociales que en la manifestación de Jesucristo. En este contexto René Paché escribió: "El Señor vendrá sencillamente para coronar esta apoteosis de nuestra raza al causarnos a entrar en la eternidad." (The Return of Jesus Christ). Dos guerras mundiales han puesto fin a este modo de pensar, provocando a muchos de sus adictos a buscar bien sea la interpretación amilenaria o la premilenaria del Apocalipsis. (b) El criterio amilenario niega esencialmente un reino administrativo de Cristo al haber venido El por segunda vez. El prefijo negativo —a— niega el aspecto de un reinado literal y se apoya en una interpretación simbólica de Apocalipsis 20.1 al 6. "Mil años," se dice, es una idea en vez de un valor aritmético; el reino es espiritual y no terrenal, apenas una figura del período entre la resurrección de Cristo y su regreso al fin del tiempo. La primera resurrección de Apocalipsis 20.5 se entiende como el nuevo nacimiento del creyente, ya que leemos en Colosenses 3.1 y Efesios 2.6 que los tales han resucitado con Cristo. En esto los amilenarios perpetúan el error de los protestantes de la Reforma, quienes basaban sus criterios en la alegorización de Origen y Agustín. O sea, dejan de distinguir entre lo espiritual en su relación con la Iglesia y la manifestación terrenal del reino en su relación con Israel y el mundo. Este es el peligro del actual resurgimiento del amilenarismo, ya que distorsiona el sentido original de las Escrituras bajo el manto de intentar exponer un sentido más profundo y místico. Se ha dicho que abre la puerta a la especulación ilimitada y la imaginación humana. (c) La interpretación premileniaria reconoce que el reino no puede darse aparte del regreso personal y visible de Cristo. La base escrituraria de la doctrina del milenio está en el Antiguo Testamento. Es cierto que su cronología está tan sólo en Apocalipsis 20, pero esto no nos causa extrañeza, por cuanto ese pasaje es la palabra definitiva de Dios sobre la materia. La Iglesia del Nuevo Testamento es, en lenguaje bíblico, un misterio que no se revela en el Antiguo Testamento; si bien los profetas presentan muchas figuras del reino, ellos no divulgan su duración. El reino mesiánico es un tema sobresaliente del Antiguo Testamento, pero es una meta sobresaliente de la profecía del Nuevo. Apocalipsis 11.15 contiene la gran declaración que, "Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos." ¿Cómo se cumplirá? Veamos Isaías 11.9: "La tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar." Es evidente que la realización de la visión de Juan se cumplirá en el contexto del tiempo. Jesús les enseñó a sus discípulos a orar: "Venga tu reino." Un observador honesto de la condición del mundo tiene que reconocer que semejante reino no existe actualmente. Si las profecías del Antiguo Testamento van a ser cumplidas, hace falta establecer sobre la tierra un reino literal, subordinado al dominio de Dios. En Daniel 2, donde encontramos el primer esbozo profético de "los tiempos de los gentiles," el quinto reino es distinto en el sentido que Dios lo establece en los cielos; este reino pulveriza a los demás dominios terrenales y luego se expande rápidamente para llenar la tierra. En el Nuevo Testamento encontramos que el reino era una parte integral de la enseñanza de Cristo y sus seguidores. El énfasis está en que el reino visible, con dimensiones terrenales, será inaugurado cuando El vuelva. El mismo énfasis se nota en las Epístolas, y luego se encuentra en lenguaje impresionante en el Apocalipsis. La necesidad del milenio Es evidente que no puede haber un milenio hecho por hombres, por cuanto no puede haber un reino sin el Rey. La Biblia desconoce una esperanza para este mundo aparte de la futura venida del Señor. El milenio será la respuesta divina al anhelo por un gobierno perfecto, equidad, prosperidad económica y liberación de la inseguridad que asedia al mundo moderno. El milenio será necesario para dar testimonio al cumplimiento literal de la profecías del Antiguo Testamento. Estas promesas se relacionan con el nacimiento, historia y suerte a la postre de la nación de Israel, y es imposible visualizar la realización de estas Escrituras de una manera que no sea literal. Sin un milenio los pactos que Dios hizo con Israel no podrán ser honrados, lo cual equivale a decir que Dios no respetará su propia promesa. El milenio será necesario para dar testimonio de la emancipación de la creación. El pecado humano trajo una maldición sobre la creación, Génesis 3.17,18, y el milenio presenciará su remoción. Pablo afirma: El anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora …, Romanos 8.19 al 22. El milenio será necesario para dar testimonio adeque Dios expresa públicamente su placer en Cristo. Es una respuesta a treinta y tres años de padecimiento y reproche llevados por el Bendito. El será Rey sobre la tierra donde una vez anduvo cual Varón de Dolores. El autor de la Epístola a los Hebreos da evidencia probatoria de un reino terrenal en el 2.5 al afirmar que Dios no ha dado a los ángeles la administración de la tierra habitada por venir. (La palabra mundo en ese versículo es lo que hemos señalado: la tierra poblada.) Lucifero, en un tiempo el ángel principal de la creación original, embistió el trono de Dios y en el acto perdió su cargo en aquel régimen. "¡Cómo caíste del cielo …!" Ezequiel 14.12 al 15; "Te puse en ceniza sobre la tierra …," Ezequiel 28.11 al 19. Aquel exaltado príncipe de luz llegó a ser el príncipe de las tinieblas y, consecuencia de su actuación, él y sus colaboradores fueron echados de su lugar. Posteriormente, cuando Dios creó al hombre, el diablo intentó frustrar el propósito divino para la raza humana. El hombre le pasó el cetro a Satanás, quien es ahora el dios de este tiempo; 2 Corintios 4.4. Jesucristo, el postrer Adán, ha retomado para el hombre, por medio de la muerte y resurrección, el dominio sobre la tierra, y en el milenio va a destronar a Satanás y reinar supremo. La tierra redimida estará asociada con él en esto:
Así que, parece que la misma honra del Señor está en juego en todo esto. El escenario de su humillación será el de su exaltación. La doctrina bíblica del milenio · · Hablemos de la tipología del Antiguo Testamento. Una comprensión de la profecía mostrará que los eventos futuros se presentan a veces como afirmaciones directas y a veces en tipos o parábolas. O sea, relatos en el Antiguo Testamento representan de una manera ordenada verdades que el Nuevo Testamento presenta como hechos firmes. El sábado hebraico era un tipo del reposo milenario. Este sistema sabático estaba basado en un arreglo de siete partes. El mundo fue creado en seis días y Dios reposó en el séptimo, Génesis 2.2,3. La semana laboral de los israelitas era de seis días y el séptimo un día de reposo, Exodo 20.8 al 11. Se trabajaba la tierra por seis años y se la dejaba sin uso en el séptimo, Levítico 25.2 al 5. Al cabo de siete sábados de años, o cuarenta y nueve años, Israel ha debido celebrar el año de jubileo, el cual era en sí un tipo de la emancipación del milenio. De esta manera los antiguos deducían que, conforme al ciclo sabático, los seis milenios de la triste historia humana serían seguidos por un milenio de descanso. El reinado de Salomón era otra figura del milenio. Leemos en 1 Reyes 4.1: "Reinó, pues, el rey Salomón sobre todo Israel." Pasadas ya la turbulencia de la época de los jueces y las disensiones del reinado de David, Salomón llegó al trono como rey de paz. La nación alcanzó tremendas alturas bajo su administración; el pueblo gozó de paz y tranquilidad. El construyó un magnífico templo y su reino se extendió "desde el Éufrates hasta la tierra de los filisteos," 1 Reyes 4.21. Y cuando este viejo mundo se canse de guerras, el milenio presenciará la soberanía del Príncipe de Paz. El ejecutará juicio para sus enemigos, pondrá fin a las guerras y proporcionará a la humanidad una época de felicidad que no se ha visto hasta ahora. En el corazón de la ciudad milenaria habrá un templo donde morará de nuevo la gloria divina, Ezequiel 43.7. · · Hablemos ahora de la profecía del Antiguo Testamento. No es acertado sugerir que toda la doctrina milenaria reposa sobre unos pocos versículos en el Apocalipsis. La verdad del reino mesiánico figura en majestuosa claridad a lo largo del Antiguo Testamento, hablando de Israel recogido de los cuatro vientos del mundo y restaurado a la tierra prometida a su cabeza ancestral.
Al llegar a los profetas, donde se ha hecho evidente ya la dispersión de la nación, encontramos que ellos confirman que vendría día cuando la nación sería rescatada. La libertad de la esclavitud egipcia se basó en la inmutabilidad del pacto con Abraham, Exodo 2.24, 6.5, 33.1, así como fue la liberación de la servidumbre babilónica, Isaías 43.22 al 26, 44.21 al 28. La restauración futura será un recordatorio del mismo pacto de misericordia, Ezequiel 16.60 et seq, 36.22,32. De manera que, aun sin el pasaje que hemos citado del Apocalipsis, abundan referencias en el Antiguo Testamento a un reino literal y terrenal. · · Ahora la confirmación en el Nuevo Testamento. En el ministerio de Jesús se enseña el misterio del reino en siete parábolas. Tratan de sus misterios en esta dispensación, cuando el reino procede encubierto. Otras parábolas se relacionan con su manifestación en gran poder y gloria. En su predicación en Hechos de los Apóstoles, tanto Pedro como Pablo hablan de la anticipación de este reino futuro. Es la enseñanza unánime de las Epístolas que se establecerá el reino con juicio por cataclismo en la manifestación de Cristo. "Es preciso que él reine," 1 Corintios 15.25. El debe desplegar su dominio en la esfera donde una vez se lo oponían. En el pasaje milenario, Apocalipsis 20, seis veces se afirma que el reino durará mil años, y dos veces en el 5.10 se dice que su pueblo reinará con él. Si examinamos el capítulo 19 descubrimos que Cristo vendrá a la tierra para ejecutar juicio y establecer su gobierno santo. Características del milenio Los amilenarios afirman que, por ser el pasaje en Apocalipsis 20 el único que especifica la duración del milenio, todo el tema es sospechoso. ¿Pero ese trozo no basta? Si la existencia de la luz pende de una sola oración en Génesis 1.3, y está firme, ¿por qué nos perturba una sola mención de la duración del milenio? ¿Por qué sorprendernos ante la falta de una cronología sobre la materia en el Antiguo Testamento, dado que temas de trascendencia como la Iglesia y este período actual de la gracia ni siquiera figuran en ese tomo? A Juan fue que el Espíritu Santo reveló que el período que nos interesa va a prolongarse por mil años. La última palabra de parte de Dios no es de horror, como en el caso del reino del anticristo, sino sobre la beneficencia y dicha para criatura y creación. El milenio será el reinado personal y glorioso de Cristo sobre la tierra, antes de la edad definitiva y eterna. Aquellos que no favorecen una interpretación literal de las palabras en Apocalipsis 20, alegan que, aparte del contexto, es difícil decidir si el reino se establecerá en la tierra o en el cielo. Basta decir que, antes de esta revelación apolíptica, se describe en términos militares el descenso de Cristo a la tierra, 19.11 al 16, con el fin de triunfar sobre el anticristo. Es evidente el contraste entre esta venida y el arrebatamiento de la Iglesia trazado en 1 Tesalonicenses 4. En cuanto al rapto, no leemos de un juicio inmediato sobre la tierra, pero aquí en el último libro de la Biblia su venida a la tierra está en el contexto de ejecutar juicio y establecer un reino en justicia. El profeta Ezequiel tuvo un vistazo de este reino mesiánico cuando fue dirigido a escribir acerca de la corona de la casa real: "A ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré," 21.27. El Mesías una vez rechazado es indispensable para enderezar los asuntos de un mundo perdido en el pecado donde Satanás ha gobernado a lo largo de seis milenios. Vendrá a conquistar, no a ser sujetado a la ignominia de su primera venida. ¡Qué coronación aquella! El frente una vez ceñido de espinas llevará la corona que le corresponde al trono de su padre David.
El milenio verá la expulsión del archienemigo de Dios y hombre. La primera iniciativa en este gran drama profético será el encadenamiento de Satanás y su despacho al abismo por el período milenario. ¡Un mundo sin diablo! ¡Qué perspectiva! Este control supremo de parte de Cristo será "el reino de piedra" de Daniel 2.44, el cual despedazará los reinos terrenales y se convertirá en un dominio universal. ("En los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre.") El principal culpable figura en Apocalipsis 20.2 bajo cuatro nombres, como en el 12.9: "el dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás." Se le ata con gran cadena y se le echa a las tinieblas. Algunos protestan que un ser incorpóreo, como es un ángel, no podría echar mano a otro ser igualmente incorpóreo, y atarle con cadena material. Pero el lenguaje aquí describe lo que Juan vio, a saber, un ángel con una cadena en su mano. Varias veces en las Escrituras se atribuye un cuerpo físico a Satanás y a un ángel. Sea lo que fuere la naturaleza de la esposa que le ate, estamos en el deber de aceptar la realidad del abismo. El diablo se queda impotente. Aquellos que abrazan la teoría de Augustín, espiritualizan este acto dramático, opinando que la atadura de Satanás se refiere al triunfo de Cristo sobre el poder del diablo en el Calvario. Pero esta explicación no satisface de un todo, ya que el Nuevo Testamento muestra que el gran dragón no está tan inactivo como los amigos desean darnos a entender. El milenio traerá a fruición todo aquello que el hombre ha buscado en vano aparte de Dios. Reconocemos que Juan no proporciona detalles; los encontramos en el Antiguo Testamento. Uno ha dicho que percibe Apocalipsis 20.1 al 6 como el marco para el cuadro presentado en el Antiguo Testamento en lo que al milenio se refiere. Otro ha dicho, quizás mejor, que es el hilo de oro del cual penden las perlas de la profecía. ¿Cómo será? Primeramente, la naturaleza será liberada de la maldición que fue impuesta cuando Adán pecó. Se quitará la ferocidad natural de las bestias. Seis milenios de animosidad y muerte serán terminados, con la creación entera en armonía.
Segundo, habrá prosperidad material cuando llegue el Rey. Si bien los efectos principales serán espirituales, el gobierno de Cristo tendrá un impacto expansivo sobre los aspectos económicos y sociales de la vida terrenal. Una mayor fertilidad resultará en seguridad social. La tierra sin diablo será un paraíso.
Tercero, prevalecerán la paz y la justicia. En contraste con el imperio del anticristo, Jesús reinará en equidad. "Juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra," Isaías 11.4. "Martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces," Miqueas 4.3. La administración en el milenio Hay dos cuestiones que de ninguna manera podemos confundir entre sí. Son el reino de la gracia, al cual uno entra ahora por la regeneración, y el reino de la administración de Cristo sobre la tierra, al cual se entra tan sólo por la parousia, la llegada del Rey. En esta edad de la Iglesia, la gloria del reino está escondida. En la dispensación que va a seguir este paréntesis de gracia, el mundo contemplará la manifestación de la gloria del Hijo. En el estado eterno, la edad de la soberanía del Padre, Cristo entregará el reino a él: Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos, 1 Corintios 1.24 al 28. Vemos entonces que la transición de la dispensación de la gracia al estado eterno no será un solo gran acontecimiento, sino dos: el arrebatamiento y la manifestación. El primero es cuando Cristo venga al aire para quitar de este mundo a todos los redimidos, antes de los horrores de la tribulación, y el otro cuando venga a la tierra para poner coto a los estragos del dominio del anticristo y para establecer su propio reino. Así que, si bien el Nuevo Testamento habla del reino como una realidad en este tiempo, también lo visualiza como un concepto profético, o estacológico. Dios llevará la historia humana a una consumación divinamente ordenada y digna. Por cuanto el reino ha venido en un sentido, estamos confiados de que vendrá en su plenitud. Cuando reconocemos a Cristo como soberano en nuestra vidas, es difícil negar que un día su soberanía abarcará todo el mundo poblado. El reino milenario será teocrático. El principado será sobre su hombro, Isaías 9.6, y el imperio universal será reconocido mundialmente. Pablo lo visualiza al hablar en 1 Corintios 15.24 de cuando El "haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia." Se lo percibe en Zacarías 14.9: "Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre." Apocalipsis 19.16 lo describe elocuentemente: "En su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores." El termino "gobierno teocrático" se describe como el gobierno de Dios a través de un representante escogido por él, para hablar en nombre suyo y actuar por cuenta suya ante la raza humana, aunque a la postre abarca el universo entero, y su gobernador-mediador es siempre un miembro de la raza humana. Este principio se encuentra en toda época del trato de Dios con el hombre desde el Edén, siguiendo por Noé, los patriarcas, los jueces, la monarquía y finalmente bajo los profetas. En el singular ministerio de Ezequiel somos testigos del alejamiento de la gloria de Dios, la presencia de Dios simbolizada en el templo. En lo que se podría describir como "los capítulos Icabod," parece que cuando el profeta había alcanzado el atrio del templo en su visión, 8.4, la gloria ya se había marchado del lugar santísimo, y este alejamiento de los predios sagrados continuó paso por paso hasta llegar al monte del Olivar, 9.3, 10.4,18, 11.22, 23. Posteriormente el profeta vio que la gloria volvió al templo nuevo —"La gloria de Jehová entró en la casa por la vía de la puerta que daba al oriente," 43.1 al 4— y aquí visualizamos el regreso del Señor Jesucristo, la gloria de su pueblo Israel. Con la remoción de la gloria de la presencia divina del templo y la capital santa, Dios señaló el fin del reino teocrático, acompañado del esparcimiento del pueblo a tierras lejanas. Entonces el futuro reino de Dios viene a ser un tema principal en Ezequiel. El Mesías será el potentado supremo y todo monarca estará sujeto a él. Cuando vino a Palestina hace dos mil años, le confrontaron "los sufrimientos de Cristo y las glorias que vendrán tras ellos," 1 Pedro 1.11. Ahora la tragedia del Calvario le queda atrás y el triunfo por delante. Fue este triunfo que Daniel describió dos mil años antes del suceso: Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido, Daniel 7.13,14. Juan le presenta en su venida para tomar los reinos de este mundo: Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores, Apocalipsis 19.11 al 16. Su autoridad real será universal y por mandato divino: "Yo he puesto mi Rey sobre Sion, mi monte santo," Salmo 2.6. En aquel tiempo "Jehová será uno, y uno su nombre," Zacarías 14.9. Surge aquí una consideración interesante en vista de las implicaciones de ciertas Escrituras. Ellas parecen dar a entender que un príncipe de la casa real de David, si no el mismo David histórico, se sentará como virrey en Israel. Escribió un profeta: "Servirán a Jehová su Dios y a David su rey, a quien yo les levantaré," Jeremías 30.9. También se puede estudiar en este contexto:
La cuestión aquí es si el término David se emplea como figura de Cristo, o literalmente para referirse al David de la historia, o a un descendiente suyo, llamado por Ezequiel "el príncipe." Una cosa cierta es que abusamos estas profecías del Antiguo Testamento al simplemente espiritualizarlas. Semejante concepto es ajeno a una comprensión de la enseñanza de las Escrituras. El venidero reino de Cristo será tan literal como es el reino de Israel. Bien se ha dicho que se hace justicia, y se honra a Cristo, sólo se le da su debido honor en el lugar donde fue rechazado; su gloria en el cielo no es toda la respuesta a su humillación en la tierra. La adoración en el milenio Es necesario considerar ahora quiénes serán los ciudadanos del milenio. El Nuevo Testamento distingue entre el judío, el gentil y la Iglesia de Dios, 1 Corintios 10.32. ¿Cuál será el papel de la Iglesia en el milenio? Reconocemos que ella consiste en el pueblo celestial de Dios y su destino es celestial. La tierra durante el reino mesiánico será gloriosa, pero para los redimidos puede ser sólo una muestra de la dicha eterna. Con todo, la Biblia es clara en decir que la Iglesia reinará con Cristo. El hombre fue creado para subyugar la tierra, Génesis 1.28, pero renunció su dominio a favor del usurpador. En el milenio él será restaurado a su destino anterior para participar en el gobierno con el Soberano cuyo es el derecho. Pero, ¿cómo pueden los creyentes, con cuerpos glorificados, participar en un reino terrenal? Las Escrituras no definen esto claramente, y en todo momento debemos tener cuidado a no ser sabios más allá de lo que nos ha sido revelado. De que vamos a reinar con él en la tierra, podemos estar bien seguros, comoquiera la forma de hacerlo:
Tenemos que dejar los detalles con Dios. La cuestión del liderazgo mundial es prepotente en nuestros tiempos. Rondando en las sombras de la aflicción mundial, el diablo tiene a su candidato en preparación para su manifestación a la humanidad. Pero una vez que este individuo malvado haya hecho lo suyo, se revelará el Varón que Dios tiene. Israel irá a la cabeza; "Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo," Deuteronomio 28.13. O sea, Dios restaurará a su pueblo terrenal a su antigua superioridad; los restaurará a su tierra para cumplir las promesas del pacto; Israel será regenerado. Un examen de las Escrituras siguientes mostrará que esta conversión se efectúa en el segundo advenimiento de Cristo, ya que el reino milenario tiene que ver mayormente con el pueblo terrenal y su restauración a la tierra prometida a su cabeza ancestral. Jerusalén será la ciudad principal del mundo:
Pero la meta de Dios no es Israel solamente; El percibe también un imperio universal. Las naciones gentiles que sobreviven el desastre de Apocalipsis 16.16 al 21, 19.19, serán involucrados en el juicio de las naciones del cual leemos en Mateo 25.31 al 46. Serán juzgados con base en su trato con aquellos que Jesús llama "estos mis hermanos," para determinar si entran o no en el reino milenario. Con procedencia en esta comunidad restaurada el Señor hará brillar la luz a todas partes del mundo, y toda carne acudirá a Jerusalén a adorar. "De mes en mes, y de día de reposo en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová," Isaías 66.23. Varias escrituras en el Antiguo Testamento apoyan el criterio que esta capital antigua será el centro de adoración mundial:
Es evidente que la adoración en el milenio se caracterizará por adoración dirigida a Cristo sobre la tierra:
En la sección final de la profecía de Ezequiel, los capítulos 40 al 48, encontramos una visión de una comunidad restaurada, con templo nuevo y servicios peculiares para la adoración, y la tierra como heredad exclusiva de Israel. El que escribe está al tanto de la diversidad de opinión sobre cómo interpretar las referencias al templo. Algunos afirman que se trata de una descripción del templo como era antes del cautiverio en Babilonia y otros la ven como un cuadro del templo posterior a esa servidumbre. En este punto la falta de semejanza supera los puntos de concordancia. Hay también aquellos que perciben el relato sólo como una descripción de un ideal que la nación deseaba pero nunca vio. Este enfoque desprecia la Palabra de Dios. El argumento que la visión del profeta fue tan sólo un símbolo de la Iglesia a existir posteriormente, es a la vez caprichoso e inapropiado. La única interpretación adecuada es aquella que reconoce un cumplimiento literal de las profecías. El templo de Israel es un futuro santuario a ser construido en Palestina durante el milenio. Las medidas especificadas nos hacen entender que se trata de una estructura amplia y lujosa. Si se protesta que la construcción de un edificio de esta índole sería geográficamente imposible, ya que las medidas de ésta exceden por mucho las del templo antiguo, debemos tomar en cuenta los disturbios geológicos que acompañarán el regreso del Señor Jesucristo a su propio pueblo. La geografía de Palestina cambiará radicalmente.
Mucha discusión surge entre los estudiosos de la Biblia sobre la introducción de un sacerdocio y el regreso a un régimen de sacrificios. Algunos exponen que un cumplimiento literal de todo esto debilita la redención obrada en el Calvario. Uno que es de este criterio escribió: "Esta idea representa una negación de la gloria del evangelio a favor de los ritos y ceremonias típicos que prepararon el camino para ese evangelio, y que cumplieron su propósito en un tiempo y luego desaparecieron." De ninguna manera podemos subestimar la eficacia "una vez para siempre" del sacrificio del Calvario, pero debemos llevar en mente que los sacrificios futuros, de los cuales habla Ezequiel, no tendrán que ver con la expiación del pecado. Hebreos 10.4 es muy claro: "La sangre de toros y machos cabríos no puede quitar los pecados." La única manera en que se podría decir que los sacrificios milenarios serán expiatorios sería contender que así lo eran en el Antiguo Testamento, y decir esto sería contradecir todo el Nuevo Testamento. ¿Cómo podemos pensar que los sacrificios futuros podrían lograr lo que los antiguos nunca podían? Si estos sacrificios milenarios no van a expiar el pecado, la única explicación posible es que van a ser conmemorativos. Citamos a otro: "Una vez arrebatada la Iglesia e Israel traído a la esfera de bendición de nuevo, habrá amanecido una nueva dispensación y con ella una revelación adicional de los propósitos de Dios. Se construirá el templo de nuevo, se reanudará el sacerdocio con un régimen de sacrificios, y por la luz de Cristo, el auténtico Mesías quien ofreció el solo sacrificio por el pecado, éstos lograrán lo que siempre había sido su propósito. Así como las ofrendas sobre el altar del templo de Salomón miraban adelante al Calvario, éstos mirarán atrás al mismo Calvario. Conmemorarán una redención efectuada ya y a la vez expresarán el más profundo propósito de la ley." Sin el ánimo de ser dogmático, recalcamos la importancia de distinguir dispensacionalmente entre los propósitos de Dios para Iglesia y sus propósitos para Israel. Sin esta distinción, uno no puede comprender las Sagradas Escrituras. El lapso glorioso del milenio terminará con una renovada pero breve libertad para Satanás. Tan pronto que se encuentre suelto, él resumirá sus actividades impías. Bien podríamos extrañarnos ante una nueva libertad para el arzoenemigo de Dios después de un largo y glorioso reinado de justicia. Pero parece que es una necesidad. Apocalipsis 20.3 establece que será "por un poco de tiempo." ¿Por qué? > Primeramente, muestra que Satanás es Satanás todavía. Un milenio de encarcelamiento no efectúa cambio alguno en la naturaleza del diablo y su odio intrínseco de Dios. Su afán será todavía el de engañar las naciones y fomentar una sublevación definitiva contra la autoridad divina. > Segundo, muestra que el hombre se queda irremisiblemente pecaminoso, aun bajo las condiciones más favorables. Dejado a sus propios instintos, él cae en pecado. > Tercero, revela que el milenio será necesario para proporcionar una prueba definitiva de la humanidad. Un buen expositor ha comentado que el hombre ha sido probado bajo toda condición posible: bajo bondad, gobierno, ley, gracia, y ahora gloria. Pero fracasará aun bajo el reinado benévolo de Cristo. Pero la rebelión durará por poco tiempo; pronto el diablo y las naciones impías llegarán al extremo del mecate. El será lanzado al lago de fuego, donde mil años antes habrán sido arrojados la bestia y el falso profeta. Se levantará el gran trono blanco, cediendo paso al estado eterno. La justicia no sólo reinará, como en el milenio, sino morará en cielos y tierra renovados. En conclusión, Dios honrará sus promesas a establecer su reino sobre la tierra cuando su gloria será manifestada entre su puebl o. Antes de hacerlo, la Iglesia será arrebatada, la tribulación se apoderará del mundo y luego el Señor volverá a la tierra a reinar donde una vez fue crucificado. Mientras tanto, el cristiano devoto ora que el reino venga, así como Jesús mandó, y busca hombres y mujeres por medio del evangelio que es el único medio de salvación. Mientras lo hacen, elevan la oración del Apocalipsis: "Amén, sí, ven, Señor Jesús!" www.preceptos.net |