Moisés y todos los profetas del Antiguo Testamento profetizaron de Cristo, pero ningún otro parece haber hablado con más claridad que Isaías.
Él habló del nacimiento de Cristo en el capítulo 7 de su profecía: "He aquí, que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel, que interpretado es, Dios con nosotros. En cuanto a la eterna deidad de este hijo de la virgen, escribe en el capítulo 9: "Un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro: y llamarás su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz." Aquel que descansaba en los brazos de su madre María, era el mismo de quien habló el apóstol Pablo en su carta a los Colosenses: "El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura porque por él fueron criadas todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten," 1.15 al 17.
La pasión y muerte de Cristo también son relatadas por este profeta con mucha claridad. En su capitulo 50 escribe: "Como se pasmaron de ti muchos, en tanta manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres." ¡Con cuánta exactitud describe la ignominia y vergüenza que el Cristo sufrió, hasta que por las bofetadas y heridas, escupidos y azotes, no parecía hombre, tan desfigurado fue.
¿Por qué fue afrentado así? ¿Sería por no poder escapar de las manos de sus verdugos? De ninguna manera, pues en otras ocasiones, cuando no había llegado su hora de morir, salió de en medio de la multitud, y se fue. No pudieron tocarlo.
El mismo profeta Isaías describe con precisión su muerte en el Gólgota, y también la razón por ella. Después de llamar la atención al hecho que Cristo fue despreciado y desechado entre los hombres, dice: "Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros," 53.5.
¿En dónde podríamos encontrar una referencia más clara a los padecimientos de Cristo en la cruz? Y esto fue escrito más de setecientos años antes del nacimiento de Cristo. Dios cargó en él nuestros pecados, y le hizo sufrir el justo castigo de ellos, para librarnos de la condenación.
Pero, ¿cómo podemos aprovecharnos de los beneficios de aquella muerte por nosotros? Isaías predica no solamente su evangelio de sustitución, sino él de la reconciliación. En esto el hombre tiene gran responsabilidad. Él debe disponerse a ser reconciliado con Dios, a obedecer la llamada divina: "A todos los sedientos; Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed, sin dinero y sin precio vino y leche. Buscad a Jehová mientras pueda ser hallado; llamadle en tanto está cercano," Isaías 55.1.
La salvación es toda gratuita, pero ha costado a Cristo las agonías del Calvario. Ninguno puede pagar nada por su salvación, pero tiene la responsabilidad de venir y recibirla. Los que vienen sedientos y menesterosos, encuentran perdón de todos sus pecados, por virtud de la sangre de Cristo. Los que en esta vida rehusan venir como pecadores, pierden la única oportunidad de ser reconciliados con Dios. Para los tales la muerte de Cristo no aprovecha nada. Serán castigados con eterna perdición en el infierno.
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Los jinetes de Apocalipsis capítulo 6 |