Edificando de nuevo

Esdras capítulo 3

Parece que toda obra buena encuentra oposición de alguno. Llegados los israelitas a Palestina, enseguida empezaron la restauración del culto del Dios vivo. Principiando por asentar el altar, aunque con temor del pueblo en derredor, ellos ofrecieron holocaustos a Jehová en la mañana y la tarde. Todavía no habían empezado la construcción del templo.

En el culto de Israel, el altar con sus sacrificios continuos es figura del Calvario y del gran, definitivo sacrificio del Señor Jesucristo. La restauración del altar y el sacrificio parecen corresponder a una renovada apreciación de la verdad evangélica en el tiempo de la Reforma Cristiana en el siglo XV.

Los así llamados cristianos hacían llegar a creer y propagar que la salvación del alma podría hallarse sólo en la Iglesia Romana por medio de sus ceremonias, y un clero de vida sumamente impía fulminaba amenazas contra toda persona que no se sujetara a la pretendida cabeza, el papa de turno.

Debemos a la gracia y misericordia de Dios y al valor de personas como, por ejemplo, el monje de Augsburg, Martín Lutero, la recuperación de las verdades preciosas de la fe. Con un ánimo que era inusitado en aquellos tiempos del poder papal, hombres como él proclamaban la justificación del alma ante Dios sólo por fe en la obra realizada en el Calvario, sin que papa ni clero tuviera parte en el asunto. Viéndose en peligro de ser despreciados por el populacho, el clero y sus dirigentes hicieron lo posible para destruir a Lutero. Si no fuera por la protección que Dios levantó en la persona del emperador alemán, quién sabe cómo hubieran llegado a nosotros las noticias emancipadoras de la salvación.

No pudiendo hacerle daño a la persona de Lutero, ni ahogar su voz, sus enemigos acudieron a la difamación, acusándole de haberse apartado de la iglesia para estar en libertad de casarse, y de otras actuaciones muy negras, las cuales calumnias son corrientes y creídas por algunos fanáticos hasta el presente.

Sin ser luteranos, podemos hoy agradecer a Dios haberle dado a él, y a otros de las mismas cualidades, valor para superar las ruinas del siglo XV. En el continente europeo, y en lo que hoy llamamos Gran Bretaña, la Reforma echó raíces tales que en varias naciones el poder papal quedó casi demolido. Para salvar algo de los escombros, se inició la Santa ¿? Inquisición en España y otros lugares, tales como ciertas partes de América Latina. Con fuego, sangre y tormentos sumamente bárbaros, el sistema papal dio muerte a más de tres millones de la flor y nata de los españoles, logrando apagar la luz del Evangelio en aquella nación y logrando para España el apodo poco envidiable de Hija Fiel de la Iglesia.

El medio de cumplirse así la voluntad del Vaticano fue en mayor parte la Sociedad de Jesús, conocidos como los jesuitas. Sepa el mundo entero que no han cambiado en nada en sus propósitos sangrientos. El fin, dicen, justifica los medios. Al no ser que el poder civil lo prohibe, llevarían hoy al patíbulo a todos los que rehusan someterse al Papa.

Asentado el altar y principiado el culto divino, los israelitas se adelantaron a fundar el templo. Trabajando como un solo hombre, pudieron avanzar la obra en medio de cantos y alabanzas de parte de unos y llantos de parte de otros. Los unos cantaban por ver levantarse otra vez un testimonio al Señor; los otros lloraban porque era tan inferior al primer templo.

En cuanto al edificio espiritual de la Iglesia cristiana de los últimos siglos, hay causa de mucho regocijo por lo que se ha podido recobrar como consecuencia del estudio de la Santa Biblia. Sin embargo, hay causa de lamentar la debilidad espiritual en comparación con lo que se veía en tiempos apostólicos. La verdadera gloria del cristiano no puede ser los edificios y otras riquezas terrenales, sino el conjunto de verdades sabidas y practicadas por el pueblo del Señor. Estas verdades sirven para juntar en uno a los que han creído en Jesús, y así reunidos forman un testimonio para Él en este mundo entenebrecido.

Amigo, ¿ha creído las verdades del Evangelio? Es decir, ¿ha reconocido su condición perdida delante de Dios a causa del pecado? No hay bautismo que quite esta mancha, ni ceremonia que la cubra. Pero otra verdad es la que está encerrada en el anuncio desde la cruz, "Consumado es." Esa obra realizada a plenitud permite a uno decir como palabras suyas lo que el apóstol Pablo escribió en Romanos 5.1: "Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo."

El mensaje al carcelero de Filipos es todavía el mensaje para nuestros tiempos; es el mensaje para usted: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo."

Un ciego guía a ciegos, Lucas 6.39

De "Cristo la Luz" por Holbein padre


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