La creación

La creación del mundo. El libro del Génesis, conforme a su nombre, (Génesis quiere decir principios) relata el principio de muchas cosas: los cielos y la tierra, la vida de las plantas y los animales, la vida humana, el pecado, la muerte, el sacrifico etc., de modo que con mucha razón se ha llamado el semillero de la Biblia. Bajo la inspiración de Dios, Moisés escribió este libro quince siglos antes del nacimiento de Jesús, pero a pesar de su antigüedad, proporciona siempre enseñanzas nuevas.

Veamos Génesis capítulo 1 y los primeros versículos del capítulo 2.

La palabra crear que aparece en el primer versículo de la Biblia tiene un significado mucho más profundo que la palabra hacer, como trataremos explicar con el siguiente ejemplo. Si un maestro dejara a un alumno en una pieza vacía hasta que éste creara un cajón, el niño podría estar a mucho rato sin poder cumplir con la orden de aquél. En cambio, si le entregara martillo, serrucho, clavos y madera, podría hacerlo fácilmente. Dios, el Creador, sacó de la nada a este universo tan maravilloso sólo por su Palabra.

Efectivamente, como dice Hebreos 11.3, "Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía."

El segundo versículo nos causa admiración porque no habla de hermosura, sino que revela una tierra desordenada y vacía. Se desprende que después de la creación primitiva, tuvo lugar alguna catástrofe, de modo que lo que se nos relata en los versículos 3 al 31 es la obra de la restauración. Aquí se delinean las actividades de seis días: los tres primeros que fueron dedicados a la obra de poner en orden lo que estaba desordenado, y los tres últimos a la obra de llenar lo que estaba vacío. Notemos el trabajo de cada día.

El primer día la voz de Dios se oye de modo que el desorden y la tinieblas se convierten en luz, siendo constituidos los períodos de día y noche. En seguida, separando las aguas de la tierra y las aguas de las nubes, es hecho ese inmenso espacio llamado los cielos. Por tercera vez se oye la voz del Creador y las aguas profundas de los mares que cubrían la faz de toda la tierra se juntan para dejar los continentes e islas a la vista. La tierra es cubierta con una alfombra preciosa de pasto y adornada de flores y árboles.

Entonces es instalado un maravilloso sistema de luz: el sol, la luna y las estrellas, los que, no como la luz eléctrica en nuestras casas, han sido infalibles a lo largo de los siglos. Ahora en el quinto día, el aire y las aguas, hasta ahora no habitadas, reciben sus moradores, pues toda clase de aves vuela por los cielos y el mar se llena de peces. El sexto día Dios hace los animales (¿cuántos sabe usted nombrar?) y por fin forma al hombre del polvo de la tierra. Alienta en su nariz el soplo de vida y le coloca en el huerto del Edén. Este hombre, Adán, es hecho a la semejanza de su Creador a quien debe servir y representar en la tierra.

Todos debemos nuestra existencia a Dios quien es nuestro Creador. Cuando formó al primer hombre a su imagen, alentó en su nariz vida, de modo que, si hemos recibido nuestra vida en forma de Dios, nuestra existencia será eterna. Por lo tanto, lo que debe preocupar a cada uno es dónde pasará la eternidad ¿en el cielo o infierno?

En Génesis 1.2 se ve la condición de todo pecador; es desordenado y lleno de tinieblas, pero el mismo Espíritu de Dios quien operó en la obra de restauración es el que trae luz, calor y bendición.


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