Cuando Dios expulsó a Adán y Eva del huerto del Edén, lo hizo no por amarles menos que antes, sino porque, poseyendo ellos el conocimiento del bien y del mal, podían comer del árbol de la vida y vivir para siempre en sus pecados. Al apartarles de su presencia, podía proveerles la manera de acercarse a Él como veremos a continuación.
Ya hemos visto que el Génesis es un libro de principios. La historia de que nos interesa ahora, que figura en Génesis capítulo 4, presenta la primera familia. El lector podrá nombrar a los padres fácilmente, pues hasta aquí la población del mundo se componía de dos personas. Nace un hijo y lo llaman Caín, que quiere decir "Adquirido," pensando tal vez que él era el descendiete que heriría la cabeza de la serpiente (véase el 3.15). Nace el segundo hijo y le ponen el nombre de Abel, pero no se nos dice por qué motivo le pusieron un nombre con tales significados como vapor o vanidad.
Nada se relata tocante a la niñez de los hijos en este primer hogar, pero podemos imaginar muchas cosas. Seguramente los padres les contarían la historia del huerto del Edén, y tal vez verían las túnicas de pieles, los querubines y la espada encendida. Luego se pasa la niñez; ahora los dos están grandes y deben trabajar, de modo que Caín, que se interesa por la agricultura, se convierte en labrador de la tierra, y Abel, que quiere más a los animales, en pastor.
Ahora nos toca contemplar a los dos jóvenes en el día que comparecen ante Dios. Es el día más importante para un ser humano, puesto que cada uno tiene que dar cuenta a Dios, cosa que los padres no pueden hacer por sus hijos. Caín y Abel reconocen al Dios verdadero, y ambos sienten el deseo de adorarle. Fácil será para quienes han visto los lindos y variados colores de la fruta en el mercado, imaginar cuán hermoso se vería el altar de Caín, quien para su ofrenda ha recogido de los mejores frutos de su chacra. En cambio, Abel trae un cordero, lo degüella, y coloca la víctima sangrante en las piedras que le sirven de altar.
En el acto de matar esta víctima, Abel ha confesado que merece morir por sus pecados, pero ha puesto ante Dios un substituto inocente. Cae el fuego de Dios que consume el animalito, dando a entender que Él está satisfecho. Pero, la ofrenda de Caín está igual como antes, muy linda, pero no aceptada de parte de Dios. Él ha tratado de acercarse al Dios verdadero, pero de una manera que no sirve, y es rechazado. ¡Cuán tristes son las consecuencias! Caín se enoja sobremanera y mata a su hermano.
De estos señores leemos varias veces en el Nuevo Testamento. En Mateo 23:35 Jesucristo habla de "la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías ..." Hebreos 11:4 dice que "por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella."
1 Juan 3.12 expresa que Caín "era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas," mientras que Judas versículo 11 habla de la condenación de aquellos que "han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré."
En el mundo hay únicamente dos religiones. En Caín vemos un ejemplo de la religión humana, que confía en obras, y resulta en la perdición, mientras que en Abel tenemos un cuadro de la religión divina; es por sangre y salva al pecador con una salvación eterna. ¿A cuál los dos hombres estamos imitando?
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