Se cree que Ur de los Caldeos era una ciudad de mucha prosperidad situada en el valle del río Éufrates, cerca del Golfo de Persia. Si es cierto esto, entonces la ciudad estaba ubicada no muy distante del sitio de la torre de Babel. Los arqueólogos que han hecho exploraciones extensivas en las ruinas, han descubierto evidencias de una civilización avanzada en los días de Abram, de lo que se deduce que sus moradores gozaban de mayores comodidades y ventajas que las gentes de otras partes.
Para aprender del llamamiento de este gran hombre, uno lee en Génesis desde el 11:27 hasta el 12:9.
En aquella ciudad próspera de Ur, vivía un varón llamado Abram a quien Dios se le apareció un día diciéndole, "Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré." Cabe preguntarse cuál sería su primer pensamiento al oir las palabras de Dios, ya que era una gran decisión la que él debería hacer.
Posiblemente se preguntaría, "¿Puedo yo confiar en Dios? ¿Me cuidará en el largo viaje, y estando lejos de mis familiares? ¿Cómo me tratará la gente de aquella tierra a donde Dios quiere llevarme?" Pero todas estas dudas fueron acalladas, pues confió en que Dios le bendeciría; y como la Biblia nos dice: "y se fue Abram ..."
Muchos años han transcurrido desde el diluvio, de modo que casi todos se han olvidado de aquel castigo y, entregados a la idolatría, han dejado de creer en el Dios verdadero. Bajo estas circunstancias, piensan que Abram es muy extraño al decidir emprender este viaje a Canaán, y le aconsejan no cometer lo que les parece una locura muy grande. "Nuestra ciudad es muy moderna," le dicen, "y Canaán es tan atrasado, y además tú no has conocido a este Dios." Pero ningún argumento puede detenerle, pues, hechos los preparativos, se despide y con su mujer, su padre y unos parientes, emprende el viaje.
La ruta va hacia el norte por el valle del Éufrates. Después de caminar unos 1000 kilómetros, el pequeño grupo llegó a Harán, donde se detuvieron bastante tiempo, debido probablemente a la edad y debilidad de Taré, el padre de Abram, pues murió allí. En seguida Abram dejó la tierra de Mesopotamia; cruzó el Éufrates y caminó hacia el sur, pasando por sendas peñascosas a la tierra prometida por Dios.
Tal vez la gente de aquella tierra pensaría ¿Quiénes serán éstos? ya que el líder parecía ser alguien importante aun cuando no tenía una gran caravana. Les llama más la atención el hecho de que al llegar, lo primero que hace es edificar un altar al Señor, dando testimonio ante ellos, que son paganos, de su fe en el Dios del cielo.
No siguiendo el mal ejemplo de los edificadores de la torre de Babel, Abram más bien "esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios," Hebreos 11.10. A los que le seguían, Jesús dijo, "En la casa de mi Padre muchas moradas hay. Voy pues, a preparar lugar para vosotros," Juan 14.2. ¿Ha confiado usted en Jesús y así emprendido el viaje hacia la gloria?
|
www.parabolas.net |
|
|