El siervo y Rebeca

Rebeca le da de beber al siervo de Abraham. Abraham colocó a Isaac en el altar, pero antes de ser degollado, un substituto fue puesto en su lugar y murió por él. En figura, Abraham recibió a su hijo de la misma muerte. Ahora, en su vejez, desea que su hijo se casa antes que él muera, y Génesis 24 cuenta la historia muy interesante.

Estando muy deseoso que Isaac tenga una mujer idónea, Abraham encomienda a su siervo Eliezer la importante misión de ir a su pueblo en Mesopotamia para elegir de entre sus parientes a la que sería novia de su hijo. Por la urgencia de la ocasión, Abraham exige juramento de parte de Eliezer, quien de esta manera solemne se compromete a cumplir con las órdenes de su señor. Traen los camellos, los cargan, y estando todo listo, Eliécer y algunos siervos de la casa emprenden el largo viaje.

Con cuánto interés Isaac mira hacia la pequeña caravana que va en busca de su novia, pero ésta luego desaparece de su vista, y él tendrá que esperar largo tiempo hasta el grato día de su llegada. Le dejaremos para acompañar a Eliezer quien demora mucho en atravesar el vasto desierto, pero por fin divisa la ciudad a donde va, y al llegar al muro, pide a Dios su dirección.

Mientras Eliezer ore, Rebeca, una sobrina de Abraham por Nacao, sale de la ciudad a sacar agua. El siervo le contempla, y cuando sube del pozo con su cántaro de agua, corre hacia ella y pide que le dé de beber. Rebeca, quien tiene muy buena voluntad, saca también agua para los diez camellos sedientos, lo que deja maravillado al siervo, pues todo esto es precisamente la señal que él pidió al Señor. No cabe duda ésta tiene que ser la mujer para Isaac. Sin demora, le presenta los regalos preciosos que ha traído de la casa de Abraham.

Nos trasladaremos a la casa de Rebeca donde Eliezer y sus consiervos están sentados a la mesa. Deseando explicar su misión antes de comer, les cuenta de las bendiciones gozadas por Abraham en Canaán. Cuenta de su propia oración, y de la manera maravillosa en que Dios le ha guiado hasta la casa de ellos. Labán y Betuel dicen: "De Jehová ha salir o esto; no podemos hablarte malo ni bueno. He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete ... como lo ha dicho Jehová." Con corazón gozoso Eliezer saca los regalos de oro y plata y vestidos para Rebeca, como también cosas preciosas para su madre y Labán.

Labán y Betuel han dado permiso para que Rebeca acompañara al siervo de Abraham, pero no desean que se vaya inmediatamente. Viendo esto, Eliezer dice, "Despachadme para que me vaya a mi señor." Llaman a Rebeca y le preguntan, "¿Irás tú con este varón?" y ella responde, "Sí, iré." Se despide de sus seres queridos y en compañía de Eliezer y los siervos, emprende el viaje.

Miremos un momento a Isaac quien en la tarde ha salido al campo a orar, y alzando sus ojos divisa a la distancia un grupo que viene acercándose. Es el siervo fiel con Rebeca. ¡Cuán grato es el encuentro, y cuán feliz sería Abraham!

Dios ha enviado a sus siervos con el evangelio de Jesús para que los pecadores puedan saber de las bendiciones que son la porción de los que confían en Él. Al igual que Rebeca hizo aquella decisión memorable de ir a Isaac, así el lector tiene que ir con fe a Jesús quien le llama diciendo, "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar," Mateo 11.28. Todos los que creen en Jesús se describe en el Apocalipsis 21 como la Esposa del Cordero.


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