La historia de la vida de José ocupa la quinta parte del libro del Génesis. No hay otra historia en el Antiguo Testamento que se cuente en forma tan amplia, pero seguramente la razón de esto es que en José hallamos uno de los tipos, o ilustraciones, más perfectos del Señor Jesús.
Nos ocuparemos por el momento con el comienzo del relato, en Génesis capítulo 37.
José, siendo un hijo que le nació a Jacob en su vejez, era muy amado de su padre. Este hecho bastaba para despertar el enojo de sus hermanos en su contra, el cual se convirtió en odio cuando su padre le regaló una ropa de diversos colores, pues ésta daba a entender el amor paternal y el lugar de preeminencia que ocupaba José.
Este odio llegó a arder mientras José contaba a sus hermanos de los sueños que había tenido, porque la interpretación lógica de éstos era que José llegaría a ser señor de ellos. Tal es el cuadro que vemos en la primera parte de nuestro capítulo, pero inconsciente del peligro que se avecinaba, José seguía haciendo sus quehaceres, y no vemos nada de orgullo ni malicia de su parte.
Cierto día Jacob envió a José a Siquem, donde estaban los hermanos apacentando las ovejas, y puesto que su padre le enviaba, emprendió de buena voluntad el viaje. ¡Poco pensaba el joven que sus hermanos le tratarían con tanta crueldad! En verdad si Rubén no hubiera intervenido, le habrían muerto. Le quitaron su ropa de colores, echándolo en una cisterna vacía donde lo dejaron hasta que llegaron unos negociantes, madianitas, a quienes le vendieron por veinte piezas de plata.
Deseosos de engañar a su padre con respecto a su crimen, los malvados hermanos degüellan un cabrito. Mojando la ropa de José en la sangre, van a la casa, donde Jacob cree que algún animal ha muerto a su hijo. El pobre padre, vencido por el dolor que le ha sobrevenido, rasga sus vestimentas, pone saco sobre su cuerpo y lamenta amargamente la tragedia.
Al igual que José, Jesús era el Hijo bien amado de su Padre quien le envió a la tierra a buscar a los pecadores. Todo lo que Jesús hacía era agradable a los ojos de Dios; sin embargo los hombres le aborrecieron, y vendido por treinta piezas de plata, fue llevado a la cruz donde vertió su sangre preciosa que limpia de todo pecado. ¿Cuál será la actitud del lector hacia Jesús? ¿Acaso lo rechazará como los malos hermanos de José hicieron con Él? El que no acepta a Jesús será condenado.
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