José en la cárcel

José en la cárcel. Después de ser vendido por sus hermanos, José fue llevado por los madianitas hasta la tierra de Egipto. Allí lo vendieron a un capitán del ejército quien lo llevó para su casa a fin de que le sirviera. Luego el capitán vio que su nuevo esclavo era un joven honorable. La historia de esta fase de su vida está en Génesis capítulos 39 y 40.

En todas las pruebas que experimentó José, vemos que Dios le acompañaba, porque no sólo fue eximido de la labor ardua que era la porción común de los esclavos, sino que le vemos puesto en una posición de considerable importancia y responsabilidad en la casa de su amo. Aquí en esta tierra extraña, tan lejos de su padre y su hogar, José permanecía fiel a Dios, y el Señor le remuneraba por esta fidelidad. Leemos, "Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José."

Leemos en 2 Timoteo 3.12 que "todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución," una verdad que ilustra gráficamente el caso de José. Cuando se le presentó la tentación, él exclamó. "¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecar contra Dios?" 39.9, de modo que su lealtad hacia Dios nunca menguó aun en la casa de un idólatra. Sus hermanos le habían aborrecido por su bondad y piedad, y ahora la mujer de Potifar, cuando ve que no puede tentarlo, trata de manchar su reputación. No obstante, Dios no le falta, y nuevamente José halla gracia en los ojos del administrador de la cárcel quien le da un puesto de importancia allí.

Entre los prisioneros encarcelados con José estaban el copero [el encargado de servir el vino] y el panadero del rey de Egipto. Sucedió una noche que ambos tuvieron sueños que se cumplieron tal como José los interpretara. Faraón reinstaló al copero en su puesto, pero el panadero fue muerto. Cuando el copero volvió a su empleo, se olvidó de José, aunque éste le había pedido su ayuda a fin de que él también saliera de la prisión. Dos años más han de pasar antes de que esté libre, pero por el momento le dejaremos en la cárcel y procuraremos aprender algo provechoso para nuestros corazones.

Vemos en la vida de José que por difícil que sea la senda, o por grande que sea la prueba, hay uno que cuida y consuela a los suyos. Es el Señor Jesús, la única persona competente para salvar, cuidar y bendecir al pecador. Él cuidará de ti, te dará vida eterna, te ayudará en tus problemas y te acompañará hasta hacerte llegar sano y salvo al cielo. ¿Lo aceptarás hoy mismo?


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