Una carta personal

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Mis queridos amiguitos:

Hace muchos años tuve la oportunidad de oir en un local evangélico la tan conocida y maravillosa parábola de "el hijo pródigo." Esta se encuentra en el Nuevo Testamento, Lucas 15:11 al 32.

Un hombre tenía dos hijos; uno de ellos pidió al padre "la herencia que le pertenecía." El padre accedió a lo que el hijo le pedía, y dio la herencia. El hijo se fue de la casa del padre muy contento, y en poco tiempo gastó todo lo que el padre le había dado. Sin tener ni siquiera para comer pensó en buscar trabajo y solamente había una vacante para cuidar puercos [cerdos]. Él, no hallando nada mejor, aceptó ese trabajo. Mientras cuidaba de los cerdos sentía mucha hambre y quería comer de las algarrobas que se le daban a los cerdos. Qué triste, ¿cierto?

Mientras hacía eso pensó, "¡Cuantos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan y yo aquí perezco de hambre!" Solo allí, pensó un largo discurso que diría a su padre y muy arrepentido, se levantó de donde estaba y dijo, "Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Hazme como uno de tus jornaleros."

Pienso cuán largo encontraría el camino, este joven, mientras iba de regreso a su casa. Ya cerca de su casa su padre le salió al encuentro y no le dejó decir el discurso que llevaba preparado. El padre le esperaba cada día desde el día que salió.

Siendo niña de 14 años, una noche oí esta preciosa parábola, y la apliqué a mi corazón. Me sentía como ese joven y esa misma noche no podía dormir. Daba vueltas en la cama y en mi desvelo no dejaba de sonar a mis oídos: "Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti."

Fue esa misma noche que pude decir con todo mi corazón, "¡Perdóname, Señor!" Me arrepentí de mis pecados de desobediencia a mis padres, mentiras, etc., y acepté al Señor como mi Salvador personal. Tan pronto que pude hablar a mis padres, lo hice, y ellos al saber que podían oir del Señor en ese local, fueron. No pasó mucho tiempo que los dos también aceptaron al Señor, de lo cual soy la persona más feliz porque un día les veré a ellos en el cielo. Tengo la plena seguridad que ellos están con el Señor porque le aceptaron a él al igual que yo.

Mis queridos lectores, ¿qué edad tienen? ¿7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14 años, o más? ¿Dirá cada cual, "Padre he pecado contra el cielo y contra ti?" El Señor tiene paciencia y les puede perdonar. También pueden invitar a sus padres para que escuchen del Señor, y un día no muy lejano ellos también pueden ser salvos. Cuán feliz es el hogar donde el Señor es el que guía a la familia.

Mirad al hijo pródigo: "Delante de él yo me pondré,
Del padre se apartó; pidiendo su favor.
Miseria, engaño y escasez, humilde me confesaré,
Fue lo que allí encontró, indigno de su amor."
Desesperado dijo así, al ver a su hijo regresar:
"Con hambre siempre estoy, el padre se alegró,
Perezco si me quedo aquí dispuesto estaba a perdonar,
Junto a mi padre voy."! De besos le colmó.


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Creado el 18/01/03

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