|
¿Cuándo voy a morir yo?
En uno de los corredores de un hospital grande, dos médicos se detuvieron una noche para consultar sobre la grave enfermedad de una niñita de pocos años.
"Yo creo que podríamos salvarle la vida si pudiéramos hacerle una transfusión de sangre," afirmó uno de ellos. "Es posible," asintió el otro, "pero, ¿dónde vamos a conseguir sangre a esta hora? Es emergencia."
En ese momento una camilla pasó frente a ellos, en la cual yacía la pequeña, y la misma palidez de su cara denotaba su estado crítico.
Apenas había pasado la camilla cuando, para el asombro de los médicos, uno de ellos sintió el suave toque de una mano en su brazo, mientras una voz tímida decía: "Doctor, ¿podría yo dar mi sangre a esa niñita?"
Era un niño de alrededor de 10 años, mal vestido, descalzo; uno de los tantos que en las grandes ciudades vagan por las calles, sin hogar, y de quienes pocos se preocupan. Había entrado desapercibido en el hospital a fin de calentarse, pues hacía frío esa noche de invierno. Sin que los médicos se dieran cuenta, él había alcanzado a oír sus observaciones, y al contemplar la cara tan patética de la enfermita, se ofreció sin titubear.
Los médicos se miraron sorprendidos, pero terminaron por aceptar la oferta del niño, a quien condujeron rápidamente a la sala de operaciones donde le prepararon para la transfusión. Fue en los primeros días de transfusiones de sangre, cuando lo hacían directamente del donante al enfermo, así que el niño quedó acostado en una camilla desde donde podía contemplar a la niñita, a poca distancia de él.
Terminada la operación, una de las enfermeras se acercó al joven todavía acostado para decirle: "¡Qué valiente eres tú m'jito! ¿No ves que la transfusión ya ha hecho bien a la niñita, y seguramente con esto se le va a salvar la vida?"
Con una mirada conmovedora, el niño le contestó: "Pero, señorita, ¿cuando voy a morir yo?" Con gran consternación se dieron cuenta que el niño había pensado que al dar su sangre, él moriría; había pensado sencillamente dar su vida por la niñita enferma. Por supuesto se apresuraron en hacerle entender que esto no sucedería.
La Biblia dice: "Apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno," Romanos 5:7. Ese niño que había conocido tan poco amor en su vida, se ofreció para morir, según él pensaba, por una niñita a quien apenas había visto una vez, lo que nos hace recordar al Señor Jesús de quien la Biblia dice: "Siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros." Romanos 5:8
Cuando nosotros éramos enemigos de Dios y le habíamos ofendido grandemente por nuestros pecados, El entregó a su Hijo a morir por nosotros. El Señor Jesús sufrió, derramó su sangre, y murió para salvarnos. ¡Qué grande amor el del Salvador '' Él que quiere ser tu Salvador ahora mismo!
www.parabolas.net
Creado el 07/03/03
Volver al Indice
|