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El incendio
Frente a la casa donde vivían Iván y Patricia había un sitio grande y desocupado, donde solamente crecía pasto y maleza. Un día, estando de vacaciones, se les ocurrió quemar una parte del pasto que estaba seco. Llevaron un rastrillo para controlar el fuego, y éste iba lentamente quemando un trecho cerca de la vereda.
"¡Iván! ¡Patricia!" llamó la mamá; "el almuerzo está servido."
Estaban tan entretenidos en su trabajo que no querían dejarlo, pero acordaron continuar después de almuerzo. Apagaron cuidadosamente el fuego y entraron en la casa para almorzar lo mas rápido posible, pues querían quemar el pasto hasta la esquina, por lo menos.
Después del almuerzo Patricia tenía que ayudar a lavar la loza. Mientras lo hacía, llegó un amigo de Iván, y los dos salieron entusiasmados para prender nuevamente el fuego.
Patricia, ayudando a su mamá, estaba apurada para salir también, cuando de repente sintieron gritos:
"¡Mamá! ¡Mamá! ¡La manguera! ¿Dónde está la manguera?" Era Iván que llamaba.
Las dos salieron corriendo para ver lo que sucedía. Por la tarde había subido un viento e Iván no se había dado cuenta. En la mañana todo estaba tranquilo, y ellos podían controlar el fuego con facilidad; pero ahora al encenderlo nuevamente, el viento llevó el fuego tan de prisa que no lo podían controlar.
Al otro lado del terreno había una casa rodeada por una cerca de madera y unos eucaliptos. Dándose cuenta de la situación y el peligro que allí había, la mamá corrió al teléfono para llamar a los bomberos. Al llegar la bomba, el fuego había quemado todo el pasto del sitio y llegado hasta la misma cerca, chamuscando las hojas de los árboles. Pero felizmente, en poco tiempo los voluntarios pudieron apagar el incendio antes que hiciera más daño.
Iván y Patricia estaban muy asustados. Nunca pensaron, cuando salieron en la mañana, que su nuevo juego iba a llegar a tales proporciones.
Esto nos hace pensar en lo que dice la Biblia: "He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!" Santiago 3:5.
¿No es así con nuestros pecados? Muchos niños, y adultos también, piensan que es poca cosa el pecado que están cometiendo. Puede ser que ni lo llamen "pecado."
"¡Es una diversión!" dicen. "¡Es una mentira blanca, que no hace daño a nadie." "¡Es un juego inocente." "Es un robo que no tiene importancia." Pero la próxima vez pasan mas allá, y la cosa resulta más grave. Es cosa peligrosa jugar con el pecado; porque aunque sea cosa pequeña en su principio, como el fuego, se extiende más y más, hasta ser costumbre.
Lo mejor es arrepentirse luego, y confiar en el Señor Jesús, quien nos puede librar del pecado, sea chico o grande.
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Creado el 15/03/03
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