El negro que no pudo ser blanqueado

1048.jpgDice la historia que cuando los españoles llegaron a Chile encontraron muchas tribus de indios viviendo especialmente en la zona central y sur del país. De la tribu que más sabemos, y de la que más se ocupa la historia es la de los mapuches o araucanos. Los propios conquistadores se admiraron de su forma de vivir y alabaron su libertad y valentía.

Los araucanos constituían la tribu menos civilizada más difícil de dominar. Esto se debía en parte al aislamiento en que vivían, y en parte a su tendencia natural de rechazar el contacto o el dominio de otras tribus. El hecho de que fuesen los menos civilizados no quiere decir que hayan sido salvajes, pues tenían muchas costumbres y muchas creencias que han sido estudiadas y que aún se conservan.

Acostumbraban vivir en rucas formando una tribu, y como jefe o toqui, elegían al que tuviera más fuerza. Se adiestraban desde pequeños para la caza y para la guerra.

Tenían como dioses al trueno, al rayo, y al relámpago, y en forma visible a unas figuras talladas en madera llamadas "totem," y al árbol sagrado que era el canelo. En caso de sequía o inundaciones, o en otros peligros, pedían ayuda a su árbol sagrado.

También tenían una variada forma de fiestas que alegraban bebiendo jugo de maíz fermentado. Aunque eran amistosos, miraban con recelo y desconfianza a cualquiera que penetraba en su territorio.

Muchas cosas que los conquistadores trajeron eran desconocidas para ellos, como el perro y el caballo. Al ver a los españoles montados, creyeron que hombre y animal formaban una sola cosa.

Siendo los araucanos de color cobrizo, tampoco conocían hombres blancos o negros, de modo que al observar que los españoles tenían piel blanca, llegaron a pensar que eran dioses.

Entre todos los hombres esclavos o indios que acompañaban a los españoles en su marcha de conquista, venían muchos negros. Estos fueron traídos de Africa a Europa, y de allí a América, pero a Chile llegaron muy pocos, pues la mayoría moría a causa del clima.

Como los indios nunca habían visto negros, les llamó profundamente la atención el color de su piel. Un día que asaltaron un fuerte en que los españoles estaban guarnecidos, se tomaron varios prisioneros, y entre ellos llevaron a un negro.

Reuniendo a la tribu, le pusieron en medio para ser observado por todos, y luego de mirarle un rato, convencidos de que el color de su piel se debía a que estaba sucio, empezaron a lavarle. Primero le lavaron con agua fría, después con agua caliente, y como aún así no cambiaba de color, le refregaron con corontas de mazorcas (choclo. a tal punto que el pobre negro murió.

Lo que los indios no entendieron nunca era que el color de su piel no pudo ser cambiado. Esta sencilla historia nos recuerda lo que Dios dice en su Palabra por medio del profeta Jeremías, "¿Mudará el negro su piel?" ¡Imposible! y cualquiera persona diría lo mismo; no se puede.

Entonces, escuche ahora lo que dice el Señor: "¿Cómo podéis hacer bien siendo malos?" El negro no podía cambiarse aunque se lavara mil veces, porque nació así, igualmente el hombre que nació pecador, aunque haga buenas obras o se bautice o vaya a la iglesia, sigue siendo pecador.

Para que el negro pudiese llegar a ser blanco, tendría que nacer blanco. Igual sucede en lo espiritual, para que el niño llegue a ser hijo de Dios, tiene que nacer en la familia de él, porque así dijo el Señor: "El que no naciere de nuevo no puede entrar en el reino de Dios." Solamente Dios puede quitar la negra mancha del pecado que hay en el corazón porque él dijo: "Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos," Isaías 1:18.


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Creado el 18/04/03

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