Amor fraternal

1063.jpgAl atardecer de un día de invierno, la mamá de Luis y Juanito les envió al bosque a recoger leña para preparar la comida. Salieron muy contentos, pues les gustaba mucho correr por el campo, aun cuando la mamá les advertía que no se demoraran mucho.

Después que cada uno recogió un buen atado de leña, la hicieron un montón y la dejaron a un lado del camino, disponiéndose a jugar un momento. Aún quedaban algunos pajaritos que no habían emigrado en busca de un clima mejor, y ya volvían a sus nidos. A Luis y Juanito les gustaba mucho escuchar su canto y les conocían por su nombres.

Poco a poco se fueron alejando más y más, y tan entretenidos estaban que no se dieron cuenta que empezaba a nevar. Muy pronto los grandes copos de nieve borraban los senderos y las huellas de los pies. Estaban muy cansados los muchachos, pero sabían que Mamá les esperaba con la leña, y trataron de encontrarla. Fue imposible. Luis se subió sobre un tronco derribado si podía divisar la casa pero sólo vio a su alrededor ramas deshojadas y el aire gris oscurecido por la nieve.

Se sentaron para descansar un poco pero, viendo que ya se oscurecía y llenos ellos de temor, se levantaron. ¿Qué hacer? ¿Que dirección tomar para llegar a casa? El mayor tomó su hermanito por la mano, tratando de animarle, aunque él mismo se sentía angustiado. Siguieron recorriendo el bosque, pero muy pronto ambos cayeron en la nieve, extenuados por el cansancio. Había llegado la noche.

Luis no lloraba porque no quería aumentar la pena de su hermanito, y le consolaba diciéndole que su mamá les estaría buscando y pronto les encontraría. Pero las horas pasaban y nadie venía. Qué agradable habría sido poder hacer una fogata, ¿pero cómo? No tenían fósforos, y la leña no les servía porque ni sabían dónde la habían dejado. Sus ojos se llenaban de lágrimas. "¿Por qué desobedecimos a Mamá? ¿Por qué nos alejamos tanto?"

Por fin Luis se sacó su poncho, cubriendo con él a su hermano antes de acostarle al pie de un árbol. Durante mucho rato no pudo consolarlo, hasta que, rendido y medio adormecido de frío, se tendió a su lado.

Pronto cesaron los llantos; el sueño había secado las lágrimas de Juanito. Luis también se durmió.

Entretanto la madre, angustiada por la tardanza de sus hijos y viendo que a cada momento nevaba más, salió en busca de los dos. Nunca se habían demorado tanto. ¿Quizás algo les había sucedido? Los llamó pero no obtuvo respuesta. ¿Habrían vuelto a casa por otro camino? Ella decidió volver, pero sus hijos no estaban. La señora comprendió que se habían perdido en la nieve.

Ella no podía estarse tranquila, pero tenía la esperanza que algún leñador los hubiera encontrado y llevado a su casa. Dejó pasar unas horas y volvió a salir, llevando un poco de alimento y unas mantas.

Caminó mucho, no supo cuánto, pero ya amanecía cuando vio un pequeño bulto tapado de nieve, allá lejos, al pie de un árbol. ¿Serían ellos? Estaba agotada ella pero aun así pudo caminar más rápido. Por fin los encontró, dormidos. Destapándolos, se arrodilló a su lado; besó la mejilla del pequeño Juan, despertándole. También besó a Luis, pero ... su corazón de madre se llenó de dolor ... Luis no despertó.

En su afán por proteger a su hermano más pequeño y más débil, Luis perdió la vida.

Estos nos recuerda, niños, que hay un Amigo que, como la Biblia lo expresa, es más que un hermano; Proverbios 18.24. Este Amigo es Jesús, quien cuando aún éramos débiles, murió por nosotros; Romanos 5.6. Viendo que ustedes están expuestos a la muerte y condenación, El quiere rodearles del manto de la salvación y así darles la vida eterna.


www.parabolas.net

Volver al Indice