Era una noche cerrada, sin luna ni estrellas, y caía una suave llovizna. Cerca de la medianoche las calles estaban desiertas, salvo por una que otra persona cuyos pasos retumbaban mientras se apresuraba por llegar luego a casa. Dos hombres, mal vestidos de ropa oscura quienes conversaban en voz baja, dieron la vuelta de una esquina, y medio escondidos entre las sombras de los árboles, caminaron hasta la mitad de la cuadra.
Después de una breve consulta, uno volvió hasta la esquina, miró en ambas direcciones ... no venía nadie. En seguida corrió hasta su compañero y rápidamente le ayudó a subirse por la muralla que daba al patio de un lindo chalet. Entonces se alejó un poco para vigilar y esperar.
Como ustedes habrán sospechado ya, son ladrones quienes están aprovechando la noche oscura para entrar a robar.
Una vez dentro del patio, el ladrón empezó a probar ventana por ventana a ver si había una que fuera fácil de abrir. Luego encontró una, y ocupando su cuchillo, la forzó y desapareció dentro de la casa. Descalzo, y usando fósforos para alumbrar las piezas oscuras, el hombre comenzó silenciosamente a seleccionar las cosas que iba a robar. Las envolvía en trapos y colocándolas dentro de unos dos sacos, dejó su botín cerca de una ventana que daba a la calle.
En el segundo piso toda la familia dormía, inconscientes de lo que sucedía abajo y del peligro en que se encontraban. Pero, ¿se atrevería a subir el ladrón? Se detuvo al pie de la escala escuchando ... no había ningún ruido. Se devolvió a la ventana, y abriéndola pasó sus sacos al compañero afuera, indicando al mismo tiempo con un gesto que iba a subir. Animado por el éxito logrado hasta el momento, decidió buscar en los mismos dormitorios, a ver si encontraba algún reloj u otro artículo de valor.
Sigilosamente subió la escala, alerta por si alguien se despertara. Entró en el dormitorio donde el matrimonio dormía, y viendo encima de la cómoda alguna cosa que brillaba en la media luz que filtraba a través de la ventana, empezó a cruzar la pieza. Al momento de pasar al lado de donde dormía una niñita de pocos meses, en una cuna mecedora, sintió que la chica se movía e iba a llorar. Pero tan pronto sintió el primer llanto, el audaz ladrón extendió su mano y comenzó a mecer la cuna suavemente tal como solía hacerlo la mamá. La niñita, consolada por el acostumbrado movimiento, se tranquilizó y luego dormía nuevamente.
El ladrón recogió cuanto quiso, luego bajó, y escapando por la ventana, se fue con su compañero.
Ciertamente todos ustedes tienen miedo de los ladrones y saben que su trabajo es malo, pero ¿se dan cuenta que si el Señor Jesús no es su Salvador, hay un ladrón quien les engaña y perjudica todos los días? Es Satanás quien, a pesar de que no lo ven, se esfuerza por evitar que ustedes sean salvos.
Aun cuando la niñita se despertó, el ladrón, meciendo la cuna, la hizo dormir otra vez. Muchas veces algunos de ustedes se despiertan un poco, tal vez al oír que el Señor Jesús viene pronto para llevar a los salvados al cielo, y que los que no le conocen serán dejados para el juicio de Dios. Pero luego por una conversación entre amigos, por algún chiste o programa cómico, Satanás les disipa el temor, de modo que vuelven a dormir. Tal como sucedió con la pequeña, él está meciendo la cuna para que se olviden de estos pensamientos serios que pudieran resultar en su salvación.
El Señor dice a cada uno, "Despiértate tu que duermes;" es que El quiere darles vida eterna. No permitan que Satanás, ese astuto ladrón, les haga dormir hasta que se encuentren con él, perdidos para siempre.
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