Una niña vagabunda

1066.jpgSoplaba el viento y llovía torrencialmente en una aldea en Escocia. Los aldeanos estaban acostumbrados a tales azotes de la naturaleza. Nadie se atrevía a salir en una noche como ésta.

Una mujer cristiana vivía sola en su casa. Ya se había acostado, pero no pudo dormir. No fue por causa del temporal, sino porque pensaba en su hija. Esta había abandonado el hogar y estaba dedicada a la mala vida. Con corazón afligido, la madre pensaba en su hija y se estremecía al pensar que posiblemente su niña estuviera fuera en esta noche tan fría.

La ingratitud y mal comportamiento de la señorita no había apagado el amor de esta madre cristiana. En tales circunstancias, ¿qué podía hacer? No pudo ir en busca de ella, pues no sabía donde estaba. Una sola cosa podía hacer; ¡orar a Dios, su Padre en el cielo!

Ella se acostumbraba arrodillarse al lado de su cama, orando a Dios, acordándose de su invitación: "Invócame en el día de la angustia. Te libraré, y tú me honrarás," Salmo 50.15. Así fue que buscó la ayuda de Dios en medio de su pena. No sabemos qué dijo en su oración aquella noche, pero seguramente su atención se concentró en su hija vagabunda.

Mientras que la madre estaba en eso, la tempestad se hacía más fuerte. Si hubiéramos estado fuera de la casa habríamos observado a una figura acercarse a la puerta y golpear. No vaciló en llamar, pues el frío y la lluvia la obligaban a buscar refugio.

Sintiendo el golpe en la puerta, la señora se levantó y se sorprendió al ver a una joven, su ropa hecha tiras y con una mirada de vergüenza. La señora reconoció la voz inmediatamente cuando dijo: "¿Me perdonas, Mamá?"

"Hija mía," gritó la madre, y sin importarle lo mojada que venía, la tomó en sus brazos y la besó. Le contó que había estado orando por ella cuando golpeó. Le llevó así al lado de la chimenea que seguía encendida.

"Bueno, hija, ya que Dios me contestó mi oración para que volvieras a casa, ahora voy a orar para que te salve luego," dijo la madre.

"Pero Mamá, ¡ya soy salva!"

La grata noticia hizo que la madre se emocionara. Su "niña" explicó cómo fue: "Hace una semana, me paré en una esquina de aquella ciudad para escuchar a un hombre predicar el evangelio. Todos mis pecados desfilaban ante mí, y me asusté, pues no quería morir en mis pecados e ir al infierno. Fui corriendo a mi habitación, confesé mis pecados y recibí el perdón de Dios. Me vine inmediatamente, caminando."

Madre e hija se abrazaron, llorando de alegría, habiendo probado las dos cuán bueno es Dios. El contesta las oraciones de quienes le claman. La mamá recibió dos bendiciones cuando pensaba recibir una sola. La gracia de Dios siempre es mejor que nuestras esperanzas.

Amigo lector, Dios utiliza muchos medios para alcanzarte con su oferta de salvación. Esperamos que esta misma revista te sirva para guiarte al conocimiento de la vida eterna que se obtiene por medio de la fe en Cristo Jesús, pues " ... Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras," 1 Corintios 15.3.

La niña vagabunda escuchó el evangelio de un cristiano que anunciaba las buenas nuevas de salvación en la calle. Por su prédica, rescató a un alma del infierno y llenó el corazón de una madre de felicidad. Cuando uno se convierte, "hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente," Lucas 15.10.

La recepción que la joven recibió de su mamá es una ilustración de la manera en que Dios recibe a los niños, jóvenes y adultos que se arrepienten de sus pecados y viene con fe, aceptando la obra de Cristo Jesús en la cruz como el sacrificio por sus pecados.

No hubo vacilación en la madre cuando su hija se presentó en la puerta, y en la misma forma Dios recibe al pecador, abriendo de par en par la puerta de su amor. El quiere recibirte a ti; confía en Cristo ahora.


www.parabolas.net

Volver al Indice