El criminal transformado

1071.jpgAún no era exactamente la hora de que llegase el tren, y entre los pasajeros que estaban en espera, un caballero, llevando de la mano a su hijita, andaba de acá para allá en la larga estación. De pronto todas las miradas se volvieron hacia la puerta de entrada por donde aparecieron varios policías con un preso maniatado. Pronto se supo que era un criminal que fue sentenciado a prisión veinte años.

La pequeña niña le miraba, primero con asombro y horror; luego creyó ver en él algo de tristeza y una tierna compasión se apoderó de su dulce corazón. Soltando la mano de su padre, fue hacia el prisionero y le dijo unas cuantas palabras en voz baja.

El la contempló con una mirada tan feroz que, asustada, volvió corriendo a tomar la mano de su padre. Pero un momento después estaba de nuevo al lado del prisionero, acercándose más que antes. Esta vez él bajo sus ojos desafiantes mientras escuchaba, y un leve temblor pasó por su duro rostro. El padre de la niñita, preocupado, la llamó, y la pequeña se fue alejando lentamente, mirando hacia atrás con compasión. El tren llegó luego, y el reo subió quietamente, y durante el viaje no les dio ninguna dificultad a los policías.

Al llegar a la prisión, su conducta fue muy excelente y continuó así. A los presidiarios de esa prisión, teniendo sentencia por veinte o más años, se les permite una luz en las noches, y se observaba que él empleaba el tiempo estudiando la Biblia.

Los policías comentaban entre sí el extraño caso de este delincuente, ya que todos sabían de su mala reputación, hasta que un día uno de ellos le preguntó cómo era que trayendo consigo tan mala fama, ahora se mostraba tranquilo y tenía tan buen comportamiento.

"Bueno, señor," dijo, "le contaré. Cuando me traían para acá, mientras esperábamos en la estación la llegada del tren, una niñita pequeña estaba allí con su padre. De alguna manera sucedió que me fijé en ella y miré a sus preciosos ojos. Al poco rato se soltó de la mano de su padre , vino hacía mí y me dijo:"

"Señor, estoy muy triste por usted y quizás usted no lo crea, había lágrimas en sus ojos. Parece que algo dentro de mí quería ceder, pero yo era orgulloso y no quería demostrar lo que sentía, y lo único que hice fue mirarla con mucho odio."

"La pobrecita se vía asustada y corrió hacia su padre, pero muy pronto volvió otra vez hacia mí y me dijo: El Señor Jesucristo está triste por usted, y esas palabras casi quebraron mi corazón. Nadie me había hablado en mi vida de esa manera, desde que mi buena madre murió hace muchos años. Tuve que hacer un esfuerzo para no llorar, y durante todo el camino hacia acá estuve pensando en mi madre y acerca de muchas cosas hermosas que ella solía enseñarme cuando yo no estaba más grande que esa apreciada niñita."

"Resolví no descansar hasta encontrar al Salvador de mi madre, en quien ella tenía puesta todas sus esperanzas, y oh señor, ¡El me ha salvado! ¡El me ha salvado!" exclamaba emocionado aquel presidiario, en medio de lágrimas de alegría.

Cuan ciertas son las palabras de aquella pequeña: "El Señor Jesucristo siente tristeza por usted" Inmensa fue la compasión y el amor de Jesús hacia nosotros, pobres, miserables pecadores. Descendió del trono de su gloria a la cruz del malhechor para sufrir la ira y el juicio de Dios en reemplazo nuestro.

"Cristo fue muerto por nuestros pecados," 1 Corintios 15:3. ¿Lo sabes tú? ¿Sabes que el Hijo de Dios bajó a este mundo para dar su vida por ti? Cree en él con un sincero corazón y tendrás una salvación perfecta.


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