En la Biblia leemos de lo que el Señor Jesús realizó en la cruz para darnos salvación. Lo que hizo es la prueba de que Dios nos ama. Es importante saber esto temprano en la vida, y es imprescindible creerlo si hemos de ser salvos.
Es posible aceptar a Cristo como al Salvador personal cuando joven. Timoteo tuvo este conocimiento y años más tarde, Pablo el apóstol le escribió y le recordó: "Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús." (2 Timoteo 3:15.
Muchos otros niños como Timoteo han tenido la gran bendición de saber las Escrituras temprano en la vida y aceptando a Jesucristo como Salvador, le han dado a conocer a otros. Así paso años atrás con un niño húngaro y un policía apostado en la frontera de un país vecino de Hungría.
Hoy día en nuestro país es fácil poseer una porción de las Sagradas Escrituras. Pero en el año 1956 en Hungría, no era tan fácil, y así fue que cuando los padres del niño, a quien llamaremos Stefan, le regalaron un Nuevo Testamento, él lo consideraba como un verdadero tesoro.
Un poco después, los padres de Stefan murieron trágicamente dejándole sólo en el mundo. Este con solamente su ropa que vestía y su "tesoro" escondido en su chaqueta, se puso en camino hacia Austria con el deseo de atravesar la frontera y empezar una vida nueva allí.
Llegando al lugar denominado "El Puente de la Libertad," Stefan lo encontró bloqueado por soldados, quienes impedían la pasada.
El niño se acercó con toda confianza al puente y al instante oyó la voz mandona de un oficial, ordenándole a detenerse.
"¡Alto!" dijo, "no se puede pasar."
El arma en la mano del oficial infundió respeto en Stefan, quien informó, "quiero ir a Austria."
Algo en la sinceridad del niño hizo que el oficial cambiara en más cordial su semblante duro. Empezó a registrar los bolsillos de Stefan. No había nada de mucha importancia, mas que las cosas que habitualmente llevan los niños. Siguiendo su registro de los bolsillos, el soldado tocó algo en el interior de la chaqueta. Lo sacó. Hizo deslizar sus páginas por sus dedos, mientras preguntó, "Y ¿Esto? ¿Qué es?"
Stefan temblaba de miedo, pero respondió rápidamente: "Esto es un pasaporte al cielo."
"Un pasaporte al cielo," musitaba el oficial y en silencio hojeaba el Nuevo Testamento. Parecía que estaba perdido en sus pensamientos, recordando días de felicidad cuando este mismo libro era leído, amado y creído en su hogar. ¿Acaso en su niñez había escuchado la historia del amor del Salvador?
Pronto el soldado volvió a la realidad, mientras otros soldados le miraban.
"Paso libre para este niño," anunció con decisión.
Los otros soldados miraron extrañados al oficial, pues una orden superior se había recibido prohibiendo terminantemente la fuga de personas.
"El Puente de la Libertad" estaba en vías de ser destruido, pero Stefan lo cruzó con poca dificultad. Al llegar al otro lado, ya en Austria, miró atrás y recién se dio cuenta que su "tesoro" se había quedado en Hungría, en manos del oficial que todavía lo ojeaba.
¿De qué se había acordado el oficial al tener el Nuevo Testamento en su mano? ¿Sabría este que el libro era en realidad un pasaporte al cielo? ¿En su niñez asistiría alguna vez a una escuela dominical? ¿Estaría recordando la historia del amor de Dios en Cristo? No se sabe qué hizo el oficial con el Nuevo Testamento de Stefan, pero Stefan estaba contento y feliz sabiendo que su "tesoro" podría servir al oficial también como su pasaporte al cielo.
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