El refugio seguro

1074.jpgRápidamente caía la noche cuando Lisa, con un pesado suspiro, abandonó la ventana, puso la tetera y sacó el pan y el queso. Aunque no tenía ningún deseo de comer, sabía que no le convenía debilitarse, pues dentro de pocos meses le nacería el hijo que tanto deseaban ella y su marido, Franz.

Fue en los días cuando Napoleón con sus poderosos ejércitos invadía el país de Austria, y pocos meses después de casarse, Franz había tenido que ir a defender la patria.

Los austríacos lucharon valerosamente, y por meses Napoleón no pudo avanzar por los desfiladeros, pero finalmente logró vencer la resistencia y los patriotas tuvieron que huir como mejor pudieron. Lisa, ansiosa, esperaba saber algo de Franz.

De repente ella detuvo la mano con que cortaba el queso ... alguien se acercaba a la puerta. Al extender su mano a tomar la manilla, se abrió la puerta, y ella fue envuelta en los brazos de Franz.

Tras larga conversación en que ambos relataban los sucesos de los últimos meses, Franz le dijo: "Lisa, querida, no me puedo quedar más que esta noche, pues el enemigo nos persigue, y de encontrarme aquí, me matarían o me tomarían preso."

"Pero, Franz, ¿adónde vas?" preguntó ella.

"¿Te acuerdas, Lisita, de esa cueva en la alta montaña de que te he contado? Klaus se escapó conmigo, y los dos vamos allá. Nadie nos podrá hallar. Pero tú, mi amor, tendrás que ayudarnos llevando víveres, con pretexto de dar forraje al ganado. Puedes dejarlos en esa bodega del potrero más alto, y nosotros iremos a retirarlos de noche. ¿Te atreves a hacerlo, querida?"

"Franz, tú sabes que haré esto y mucho más, pero quiera Dios que pronto termine esta terrible guerra."

Apenas se fue Franz, llegaron los soldados enemigos para instalarse en la pequeña aldea, mientras buscaban soldados austríacos escondidos en los cerros alpinos.

Semanalmente, Lisa, cargada con provisiones, se dirigía a la bodega, pero nunca vio a su marido, porque solamente de noche bajaba a buscar los paquetes. Cierto día mientras caminaba con su canasto llenos de huevos, quesos, pan, etc., fue sorprendida por uno de los soldados, y ella se dio cuenta que él sospechaba alguna irregularidad.

Luego empezaron a escasear los alimentos, y se impuso un control en cuanto al consumo de cada familia. La actitud de los soldados era ya tan amenazante que Lisa comprendió que tendría que ir a esconderse en el mismo refugio de su marido. Por lo tanto, reuniendo todas las provisiones que pudo, fue a la bodega donde esperó que Franz llegara.

"¡Lisa!" exclamó éste, alarmado, "¿Qué pasa que estás aquí?"

"La aldea esta llena de soldados franceses, Franz, los alimentos se están acabando, y yo sé que sospechaban que yo les traía comida. No me atreví a quedarme más en casa."

Así fue que Lisa acompañó a Franz a la cueva. Los jóvenes habían hecho lo posible para hacer cómodo su refugio, arreglando colchones de ramas y hojas secas. Afuera en el hielo habían congelado una parte de los alimentos, y en el interior, de noche, cuando no se notaría el humo, prendían fuego.

Franz y Lisa pasaron todo el invierno seguros del enemigo, y cuando los franceses se fueron en la primavera, volvieron a la aldea llevando con ellos a su primer hijito.

El matrimonio joven de nuestra historia, teniendo un temible enemigo en Napoleón y sus soldados, necesitaron de un refugio seguro. También nosotros tenemos un enemigo peor, Satanás, quien desea nuestra eterna perdición. Hay un refugio para cada uno, no en una montaña fría, sino en una persona que nos ama. Dios dice, "Será aquel varón como refugio contra el turbión," Isaías 32: 2.

Jesús es este refugio seguro, y El dice: "Yo les doy vida eterna, y nadie las arrebatará de mi mano." Acudan a él para la salvación y el cuidado que les hace falta.


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