Jorge

1084.jpgEn una ciudad no muy grande, vivía un niño de once años. Tenía varios hermanos y era el del medio. Su casa no tenía mucha comodidad, debido a que su papá era muy bebedor y pasaba mucho tiempo desempleado.

Ya hacía tiempo que Jorge había dejado de asistir a la escuela, pues le faltaba ánimo a su cansada madre para exigirle que fuera. No le importaba al padre lo que el niño hacía salvo cuando se le antojaba castigarle.

Una noche, llegó el papá de Jorge en estado inconveniente. Al entrar en la casa, tropezó con fierro botado en el suelo. Enojado, lo cogió y trató de golpear al niño con él. Atemorizado, el niño huyó de la casa.

Ya estaba oscuro y pocas personas se hallaban en la calle. Se dirigió al río que corría cerca de su casa, buscando un refugio para pasar la noche. Vio una luz entre los árboles y se acercó. Andaba descalzo y tiritaba de frío, así que el calor de la fogata era grato para su cuerpo entumecido. Trató de pasar desapercibido entre los hombres con tal que le permitieran calentarse.

Era tarde y no iba a volver a casa. Allí había peleas y sufrimiento. Faltaba cariño y amor. Nadie se preocupaba de él. Sus ropas estaban sucias, rotas, y sin botones. Hacía dos años que no tenía zapatos.

Siguió vagando por las calles cuando de repente al doblar una esquina vio una carpa. Se acercó para leer el cartel que anunciaba reuniones evangélicas. Pensó, "Aquí me puedo meter para dormir, pues tengo tanto sueño." En seguida, saltó el cerco sin problema y se metió debajo de la lona. Adentro, no hacía tanto frío y el aserrín en el piso le serviría de colchón. Se echó en el suelo y se quedó dormido. Todas las noches uno de los creyentes quedaba para cuidar la carpa y Jorge no se percató que alguien dormía en la plataforma.

A las seis de la mañana, éste se levantó y cuando supo su infeliz condición, permitió que se quedara, advirtiéndole no hacer daños dentro de la carpa.

A las diez llegaron los predicadores para preparar la carpa, pues a las once tendrían una reunión para niños. Al entrar uno de ellos, se sorprendió de ver al niño tendido en el suelo, quien al ser despertado se puso en pie inmediatamente mirando por donde escapar. Pero el predicador cristiano le habló con suaves palabras, no queriendo retarle. El trato fue diferente del acostumbrado en su casa. Algo influía en estas personas para que le trataran con bondad.

Jorge contó al predicador su triste historia. Cuando terminó de relatar, el predicador conmovido le dio dinero para que fuera a comprar pan para su desayuno. También recibió una invitación para volver para la reunión, lo cual hizo.

En la reunión, Jorge escuchó una lección sobre Zaqueo, el hombre chico que se convirtió al Señor Jesús. El predicador dijo que la conversión significaba un cambio en la vida. En el caso de Zaqueo, dejó de defraudar a la gente pues como recaudador de impuestos, siempre cobraba más de lo justo. Ya que iba a seguir al Señor Jesús, debía ahora vivir honradamente.

Jorge escuchó también que los niños necesitan de convertirse al Señor Jesús. "Cuando una persona acepta a Cristo como Salvador, su vida cambia," decía el predicador, "y empieza a actuar en forma diferente de los demás." Jorge comparaba el trato recibido en su hogar con el trato cariñoso de los predicadores. Estos hombres sí, era diferentes y concluyó que las enseñanzas de Jesucristo se veían en ellos.

Jesucristo dijo, "De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos," Mateo 18:3.

Jorge no se convirtió aquel día y los predicadores le veían después vagando en la calle. Pero una cosa cierta, él reconoció el efecto que Jesucristo había tenido en la vida de otros y la diferencia que hace la conversión.


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