En una mina de carbón, hubo una terrible explosión. Muchos mineros escaparon ilesos, pero nueve quedaron atrapados, y entre ellos un joven llamado David.
David era regalón de su madre, por que sus cuatro hermanos mayores habían muerto trágicamente en otro accidente minero juntos con su padre años antes. David representaba la única seguridad de su madre para el futuro. Cuando corrió la noticia del desastre, la madre de David sintió gran angustia pues no podía pensar en otra cosa que su hijo había perecido.
El trabajo de David era vigilar la carga y descarga del ascensor en el fondo del pique. Era oscuro allá, pero tenía su lámpara de minero y cuando había poco movimiento en el ascensor, David sacaba su Biblia para leerla. La había recibido como premio en la escuela dominical por asistencia y memorización de textos.
Cuando la explosión ocurrió, el túnel donde estaba David quedó bloqueado y el ascensor inutilizado. Al darse cuenta de que estaba atrapado, David pensó en su madre y comenzó a llorar. Arrodillándose en la oscuridad, se encomendó a Dios, suplicándole que le librara de su prisión en la mina para poder ayudar a su madre.
Terminada la oración, David tomó su Biblia, abriéndola en el Salmo 23. "Jehová es mi Pastor ... ," leyó. Se puso a meditar: ¿Puedo decir esto en verdad? ¿Es Jehová mi Pastor?
El aire viciado empezó a sentirse y le costaba a David respirar. Ya había pensado en la posibilidad de morir. "¿Tengo miedo de morir?" se preguntó, y se contestó a sí mismo, "Claro que no, pues el Señor Jesús es mi Salvador y Pastor." Hacía pocos meses que David había aprendido de su condición de pecador ante un Dios Santo. Fue por eso que aceptó por fe al Señor Jesús como a su Salvador. Había creído de corazón que cuando Jesús murió en la cruz, y derramó su sangre, lo había hecho a su favor y por tanto, era salvo. Ahora que pensaba en el día de su conversión y la seguridad de la Palabra de Dios, se sentía más tranquilo.
Continuo leyendo el Salmo 23 y llegando al verso 4, hizo una pausa. "Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo." La sombra de la muerte caía sobre él mientras el aire se ponía más pesado y la muerte se acercaba. David quería dormir, y se dio cuenta que el aire viciado contenía poco oxígeno ahora. Tomó un pedazo de carbón y escribió en su Biblia: Madre querida, Jesús está conmigo.
No alcanzó a terminar, pues perdió el conocimiento.
Las cuadrillas de rescate trabajaban afanosamente. Lograron abrirse paso hasta donde estaba David, al cual hallaron sin conocimiento, pero todavía con vida. Fue llevado a la superficie donde su madre aguardaba noticias. La madre de David pensaba que su hijo estaba muerto, pero se contentó mucho cuando David recobró el conocimiento y abrió sus ojos. Dieron gracias a Dios por su gran misericordia en salvarle la vida.
David fue el único sobreviviente de los nueve atrapados. Este hecho martillaba en su mente. Se preguntaba, "¿Por qué me libró a mí cuando otros murieron?" Decidió que seguramente por que Dios quería que fuese un testigo suyo en forma especial. Sintió el deseo de testificar cómo Dios le había librado de la muerte y cómo el Salmo 23 sirvió de gran consuelo cuando, frente a la muerte, no tuvo temor pues conocía al Buen Pastor, a cuyo cuidado pasaba por el valle de sombra de muerte.
El testimonio de David era respaldado por su emocionante experiencia. Muchos mineros prestaron oído a él cuando decía, "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo," Romanos 10:13.
Querido amigo, posiblemente usted un día estará en una situación tan apremiante como la que tocó a David. Quizás perderá el conocimiento como él, y en vez de despertar en esta vida a la sonrisa de su madre, despertará en el más allá. ¿En qué parte estarás? ¿Cuál será tu destino? ¿El cielo, o el infierno?
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