En el museo en Argelia se exhibe una estatua que lleva el nombre de Gerónimo, que era esclavo extraordinario que vivió en el siglo XV.
Cuando era muy joven, Gerónimo fue llevado cautivo por los españoles a una fortaleza en Orán. Aunque le bautizaron allí, no fue convertido en verdad hasta unos años después cuando se acordó de enseñanza bíblica que había recibido y creyó en el Señor Jesucristo y la obra que éste realizó para salvarle cuando murió en la cruz.
Gerónimo vivía nuevamente en Argelia cuando fue salvado, habiéndose escapado de Orán. Sintió el deseo de volver a ver a los cristianos que había conocido en Orán. Sin preocuparse del peligro, salió en busca de ellos, pero fue capturado por razones desconocidas. Fue abandonado en un bote y dejado a la deriva en el mar Mediterráneo. Antes que muriera, piratas moros le hallaron, y le llevaron a Argelia donde fue vendido como esclavo.
Gerónimo ya tenía aspecto varonil y fortacho, y el Gobernador lo compró por una fuerte suma. Este era cruel, y ya que su creencia era contraria a la fe que profesaba Gerónimo, el Gobernador hizo grandes intentos para que Gerónimo abandonara su fe en el Señor Jesucristo. Su patrón le ofreció grandes ventajas si dejara de creer en Cristo. No tuvo éxito y fue por eso que Gerónimo luego se encontraba trabajando arduamente en la construcción de una nueva fortaleza en Argelia. En ella se usaban grandes moldes de madera para preparar bloques de cemento que se colocaban en la muralla.
Un día el Gobernador visitó la obra y al ver a Gerónimo, se acordó de su intento infructuoso de hacerle abandonar su fe. Se le ocurrió dar al esclavo una oportunidad más para dejar a un lado su fe en Cristo Jesús y creer en la religión falsa del Gobernador. Este amenazó a Gerónimo con introducirle en un cajón para luego ser tapado por el cemento fresco. Gerónimo se inmutó. Su fe en su Salvador quedó firme como una roca. Furioso, el Gobernador ordenó el cumplimiento de su amenaza. Gerónimo fue echado al cajón y cubierto vivo por el cemento. Seguramente la muerte no tardó en librar a este valiente soldado de la cruz de su suplicio. Su testimonio impresionó a muchos y aun el Gobernador exclamó: "Nunca pensé que este perro de cristiano tendría tanto coraje."
El hecho se divulgó por todas partes y cierto antiguo amigo de Gerónimo, llamado Haldo, escribió la historia en 1569. Casi trescientos años después, en 1853, se tuvo que demoler la antigua fortaleza. El ingeniero encargado del trabajo, que había leído el relato de Haldo, quiso verificar la historia. Bloque tras bloque era partido hasta que el 27 de diciembre de 1853, un bloque entregó los restos de Gerónimo.
Antes de botar el bloque, sacaron un modelo de Gerónimo que resultó casi perfecto, habiendo el cemento captado sus facciones y la forma de su cuerpo, aun los cordeles que le ataron, y los tejidos de su ropa.
El testimonio de Gerónimo es similar al de Abel, pues "Abel alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella," Hebreos 11:4. Gerónimo habla por su estatua.
Ser fiel al Señor Jesucristo es difícil en estos días y aunque el diablo no utiliza la persecución como en años idos ya, siempre trata de derrocar al que cree en el Señor Jesucristo. "Como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. "¿De dónde sacó Gerónimo fuerzas para resistir? Seguramente de "Aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo," pues el Señor Jesucristo imparte a los que le siguen la fuerza espiritual necesaria para que su "ánimo no se canse hasta desmayar," Hebreos 12:3. ¿Conoce usted a este Salvador? ¿Ha experimentado usted la suficiencia de su fuerza espiritual en las tentaciones? Es una realidad la alcanzada por la fe.
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