Juanito era un niño que gustaba jugar, correr y nadar. Especialmente nadar – ¿dónde y cuando podía. A veces iba a la piscina, otras veces, a una laguna, pero lo que más le encantaba era ir a la playa. Juanito vivía en Lota, Chile. Además de ser famosa por su mina de carbón, Lota tiene buenas playas y allí iba Juan para tirarse contra las olas. Siempre lo pasaba bien, pero cuando el mar era bravo, se daba cuenta del peligro que había por las fuertes corrientes, capaces de arrastrar a un pequeño niño mar adentro.
Un día Juanito pidió permiso a su mamá para ir a una piscina. "Bien," le dijo, "pero no vayas a la playa. Es peligroso. ¿Me entiendes?" Juanito prometió solemnemente que iría a la piscina y se marchó.
Al juntarse con sus amigos, Juanito supo que no pensaban ir a ninguna piscina, sino a la playa, y no fue muy difícil convencerle para que les acompañara. Por supuesto, no puso mucha objeción, pues la arena, el sol, el oleaje invitaban a su espíritu joven a divertirse.
Durante la tarde, Juanito pensó más de una vez en lo que su mamá había dicho. Aunque gozaba mucho en el agua, tuvo tiempo para fabricar una historia digna de contar a la mamá. Había engañado a su mamita en otras oportunidades, y no lo consideraba una falta muy grave. Y después de todo, se dijo, las mamás se preocupan demasiado.
¿Te has fijado cuán velozmente trabaja la mente? La cabeza parece tener una maquinaria especial para inventar mentiras. Hay muchos niños tan acostumbrados a mentir que los engaños salen casi automáticamente. Dios es llamado "el Verdadero" en la Biblia y toda mentira es contraria a su naturaleza. Por lo tanto, toda mentira es pecado y "la paga del pecado es muerte."
Era tarde cuando Juanito y sus compañeros volvieron de la playa. Estaban cansados, pero contentos porque se habían divertido mucho.
Cuando entró Juanito en la casa su mamá le preguntó: "¿Y cómo estuvo la piscina, Juan?"
"Buena, Mamá," contestó, "estuvo rica el agua ..." y se largó a contar un montón de experiencias, algunas ficticias. Parece que contó más de la cuenta, porque la mamá le dijo: "¿Seguro que fuiste a la piscina?"
"Pues, sí Mamá," insistió el niño. "No le digo que crucé de un lado a otro varias veces."
"Ven," le ordenó. Juanito se acercó. Con la experta mano de una madre, ella levantó su camiseta, y agachando la cabeza, le pasó la lengua por su espalda.
"¡Sal! ¡Sal!" gritó ella, y de un palmotazo le envió disparado contra la pared. "Fuiste a la playa, y te voy a castigar."
Era muy inteligente la mamá de Juanito. Supo pillarlo en su mentira porque el agua dulce de la piscina no habría dejado un residuo de sal en su cuerpo, como hizo el agua salada de mar. Juanito tuvo que confesar su engaño y recibió su justo merecido por su desobediencia.
Hay muchos jóvenes como Juanito que tratan de engañar a otros. Cuando son descubiertos, reciben un castigo. El engaño es una mala costumbre y los supuestos éxitos hacen pensar que Dios puede ser engañado también. Pero la Biblia dice: "Dios no puede ser burlado," pues "Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos, Gálatas 6:7, Proverbios 15:3.
El pecado es manifiesto delante de Dios. No lo puede pasar por alto, sino lo tiene que castigar. Fue por eso que Jesucristo tuvo que venir del cielo para sufrir el castigo nuestro en la cruz. Por su grande amor, Cristo murió por nuestros pecados, 1 Corintios 15:3
Juanito fue castigado por su maldad. Y por nuestro pecado delante de Dios, todos recibiremos castigo. No hubo quien reemplazara a Juanito para tomar su castigo, pero el evangelio trae buenas noticias a nosotros que podemos escapar del juicio de Dios, si creemos en el Señor Jesucristo quien murió por nuestros pecados.
|
www.parabolas.net Volver al Indice |