Juan y Antonio

Juan y Antonio.Era el día de mercado en Lugano, Italia, en el año 1863, y un caballero de edad, llamado Juan, estaba en la plaza arreglando una cantidad de Biblias y Nuevo Testamentos que había traído para vender. Durante la semana él trabajaba en construcción, pero en su tiempo libre se dedicaba a vender porciones de las Escrituras.

Luego se juntó alrededor de él un grupo de curiosos, entre ellos un joven que se llamaba Antonio.

"¡Comprarse una Biblia!" dijo éste con burla, al escuchar las palabras del vendedor. "¡Bah!" Yo le digo donde puede encontrar una ... y gratis. Está enterrada en un muro."

"¿Una Biblia ... en un muro?" preguntó Juan. "Yo le puedo mostrar una Biblia que salió de un muro en el pueblo de Glarus, en Suiza," y sacándola de su bolso, se la pasó.

Algo receloso, el joven tomó el libro en sus manos, y lo dio vuelta, examinando las tapas. Asombrado, exclamó, "¡Es la misma Biblia!"

Se acordó como seis años antes cuando estaba en viaje a Suiza en busca de trabajo, una señora le había regalado la Biblia. La creía un libro malo y para deshacerse de ella, la había golpeado con su martillo y enterrado en el muro de una casa que esta construyendo en Glarus. Era la misma Biblia, pues allí estaban las marcas de su martillo.

"A pesar del gran incendio que destruyó la casa," le contó Juan, "La Biblia fue protegida, y cuando yo derrumbé el muro, cayó a mis pies. Gracias a Dios por esta Biblia, porque por ella yo llegué a creer en el Señor Jesús y la obra que él hizo por mí en la cruz."

Al escuchar estas palabras, Antonio se enojó. "No quiero saber más de ese libro malo," gritó. Con la ayuda de los jóvenes que le acompañaban, dio vuelta la mesita con las Bibliad, y le pegó puñetazos al anciano.

Al llegar la primavera, Juan volvió a Suiza, y una de las primeras personas con quienes se encontró en el trabajo fue el joven Antonio. Al principio, éste sentía vergüenza por lo que le había hecho en el mercado, pero Juan le mostró amistad y con paciencia ganó su confianza.

Un día Antonio estaba trabajando en una escalera cuando pisó mal y cayó desde 15 metros al suelo. Gravemente herido, fue llevado al hospital, donde permaneció por meses. El amigo Juan le visitaba continuamente, con el deseo que el joven conociera al Señor Jesús y fuese salvo. Cierto día llevó la Biblia que Antonio había enterrado en el muro, y la dejó allí con la esperanza que la leyera.

La Palabra de Dios por fin quebró el corazón endurecido del joven, y él encontró la paz y gozo que siente el pecador cuando confía en el Salvador y recibe el perdón de sus pecados.

La caída que sufrió le dejó inválido para toda la vida, y puesto que no pudo trabajar más como albañil, volvió a Italia. Allí estudió para ser maestro de escuela y en seguida consiguió ocupación en una escuela cristiana.

Mientras tanto, la buena semilla de la Palabra de Dios que el anciano Juan había sembrado fielmente, brotó y dio fruto en su propia familia. Se convirtió su esposa y todos sus hijos.

Juan y Antonio ahora vivían en el mismo pueblo y por supuesto se querían mucho. Resultó que Antonio y la hija mayor de Juan se enamoraron y unos meses más tarde, se casaron.

Leemos en Romanos 1:16 que el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Este fue el poder que transformó a Antonio de burlador en fiel seguidor de Jesús, de modo que por muchos años se dedicó con su suegro, a predicar la verdad contenida en ese Santo Libro.


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