El niño en el Cyprian

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El 13 de octubre de 1881 el vapor Cyprian, al mando del capitán Juan Alejandro Strachan, zarpó del puerto de Liverpool, Inglaterra, rumbo al mar Mediterráneo. Era uno de esos barcos antiguos a vela que además llevaba turbinas a vapor. Poco después de salir del puerto se levantó un viento fresco que fue soplando con más y más fuerza hasta convertirse en un verdadero huracán. La furiosa tormenta destruyó las velas del barco y una de las calderas se reventó. Al fin la nave terminó por encallar, naufragando en las costas de Carnarvon.

Antes de que se estrellara el vapor, fueron distribuidos entre los tripulantes los salvavidas, reservándose uno para sí el capitán. Entonces todos fueron uno tras otro echándose al mar para ser lanzados por las olas a la orilla, único medio por el cual podían salvar sus vidas. El capitán permaneció en su puesto hasta que el último hubo abandonado el barco. Y cuando él ya se disponía a seguir a los demás, apareció por primera vez sobre la cubierta un niño. Era un polizón, una de esas personas que se esconden en los barcos para poder viajar sin pagar su pasaje. Ahora, espantado por el peligro, salió temblando de su escondite.

Muchos hombres en situaciones semejantes habrían abandonado al niño a su suerte, considerando que su delito le hacía a él sólo responsable de su muerte. Sin embargo, no pensó así este noble capitán, ni aun tuvo una palabra de represión para la pobre criatura atemorizada. Y tomando su propio salvavidas, lo colocó alrededor del niño, afirmándolo bien, y diciéndole que se lanzara al mar. Y tras el niño se lanzó también el capitán, pero sin salvavidas.

Entonces tuvo lugar en medio del furioso mar una lucha tenaz por la vida. Pero todo fue inútil. Y mientras que el niño alcanzó salvo y seguro la orilla, el noble y bondadoso capitán pereció bajo las olas.

¡Qué ejemplo notable de amor desinteresado dio este capitán! ¿verdad? Su noble gesto nos ofrece una ilustración de la salvación que ha provisto para todos nosotros el Señor Jesucristo.

El niño de la historia es como todos los niños del mundo. Muchos han cometido el mismo engaño, viajando en ómnibuses o trenes sin pagar su pasaje; otros han robado, llevando cosas de las tiendas sin pagar su precio. Pero todos, de una manera u otra, han cometido sus faltas, pues Dios declara en la Biblia que "el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud," y que "todos pecaron."

Pero lo maravilloso es que, a pesar de ser tan malos, Dios siempre nos ama y quiere salvarnos. Como aquel capitán fue bondadoso para con el niño malo, tratándolo con amor, entregándole su propio salvavidas y finalmente muriendo por él, así ha sido el Señor Jesús para con nosotros. Entregó su propia vida preciosa por nuestro rescate, muriendo en terrible sufrimiento sobre la cruz del Calvario. Así lo declara este texto: "Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros," Romanos 5:8.

¿Qué habría pasado si el niño no hubiese salido de su escondite? ¿Qué si por vergüenza o desconfianza no se hubiera presentado ante el capitán? Ciertamente, habría muerto ahogado en aquel mar furioso. Así también deben comprender ustedes, queridos niños, que si no vienen al Señor Jesucristo luego, pueden perderse para siempre en aquel terrible lugar que Dios llama "el lado de fuego."

Ven, pues, al Señor Jesús ahora. El prometió: "Al que a mí viene, no le echo fuera."


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Creado el 24/08/02

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