Al escuchar el sonido de la alarma de incendio, todo el mundo pregunta, "¿dónde es?," y luego se congregan muchísimos espectadores para observar el trabajo de los valientes bomberos. Muchas veces éstos arriesgan sus vidas para salvar a otros.
Cierta noche se dio la alarma, y en escasos momentos los bomberos partieron con sus bombas, mangueras, hachas, y todo el equipo necesario. Fue incendio en una casa de altos, y actuaron rápidamente, rescataron a varias personas. Luego las llamas abarcaron casi todo el edificio, y a pesar de los esfuerzos de los bomberos, parecía casi perdido. Solo entonces supieron que dos niños pequeños aún se encontraban dentro.
Horrorizados, los hombres se miraron, reflejándose en sus caras el miedo que sentían por el riesgo que significaba penetrar nuevamente en la casa. Ninguno quería morir ... pensaban en sus esposas, en sus hijos ... temían morir, una muerte tan terrible como la que les esperaría en esas llamas. Creían que serían útil; sería solo sacrificar otra vida, así que nadie se ofreció para salvar a los dos chicos.
De repente se oyó la voz de un espectador que gritó: "¿No hay ningún bombero que crea en Dios? ¿Ninguno que quiera ser héroe? Según vuestra fe os sea hecho."
Oídas estas palabras, un bombero joven, llamado Cristóbal, corrió hacia la casa, diciendo: "Voy. Sí tengo fe para vivir, tengo fe para morir, y si salgo vivo entrego mi vida a Dios."
Subió veloz por la escalera, y desapareció dentro del humo y de las llamas. Muchos de los que vieron lloraban y otros oraban.
Tres minutos pasaron. Entonces gritó de alegría y alivio prorrumpió el gentío. El valiente bombero aparecía nuevamente en la escalera, llevando un bulto en su brazo. Lentamente descendió, y una vez abajo, cayó inconsciente en los brazos de sus compañeros.
Los niños tenían quemaduras superficiales, pero Cristóbal estaba muy quemado en la cara y en las manos. Lo llevaron al hospital, y recobrando el conocimiento, lo primero que dijo fue: "Puesto que Dios me salvó la vida yo me he entregado eternamente a él."
Después contó como se había encontrado con Dios en aquella casa. Decía que Dios le había permitido entrar en un lugar de tanto peligro para que se diera cuenta de su necesidad de la salvación.
Relató que cuando llegó a la pieza donde estaban los niños, el humo casi le sofocaba, de tal manera que gateaba por el piso. Luego sintió la débil voz de un niño que decía: "Betita, siento a Jesús que viene. El cuidara de ti y de mí, porque nos ama, pero guarda tu cabeza debajo de las sábanas, para que no te ahogues."
Guiado por esa vocecita, Cristóbal pudo tomar los dos niños envueltos en la ropa de cama, y volver a salir por la ventana momentos antes de que cayera el techo.
Mientras bajaba por la escalera, uno de los niños le dijo: "¡oh, Jesús, estoy tan contento que hayas venido!"
Al salir del hospital, Cristóbal visitó los niños que había salvado. "Miren niños, " le dijo, mostrándoles las cicatrices de las quemadura, "estas son de cuando les salvé, pero gracias a Dios que las tengo. Dios me habló esa noche por intermedio de ustedes La fe de ustedes que el Señor Jesús llegaría a salvarles, me hizo comprender que yo, para ser salvo, tenía que poner mi fe en él, y en lo que él hizo por mí. Lo acepté de corazón y ahora él es mi Salvador y mi Señor."
Después de esto, Cristóbal fue bombero aún más responsable y más dedicado, porque siempre al tener que apagar un incendio, él pensaba en cuando los niños creían que él era el Señor Jesús. Decía, "Yo no soy Cristo, sino El está conmigo, y yo sé que me cuida. Tengo fe para vivir por él y tengo fe para morir por él también. Porque el Señor Jesús es mi Salvador."
¿Puedes tú decir lo mismo? Esta fe es una fe real, basada en la misma persona del Señor Jesucristo quien nunca falta a su Palabra, la cual es fiel y digna de ser recibida por todos. Es que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores." 1 Timoteo 1:15.
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