Muy a menudo Ruthie se portaba mal. A veces era odiosa con Nuni, su hermanita menor. Un día Ruthie le dijo, "Vamos al huerto a jugar," y partieron corriendo.
Allí se encontraron con un enorme pavo, y Ruthie siempre traviesa, gritó para asustar al ave. En seguida se arrancó del huerto, cerrando la puerta para que Nuni no pudiera salir. Se quedó fuera riéndose al ver como el pavo seguía a su hermanita. Afortunadamente la mamá oyó los gritos desesperados de la chica, y corrió para librarle. ¡ustedes pueden imaginar lo que luego le pasó a Ruthie! Por supuesto ella estaba muy arrepentida, y no solamente porque fue castigada, sino porque se dio cuenta que se había portado mal.
Pasaron dos o tres días y ella trataba por todos los medios de portarse bien, pero era inevitable, tenía que hacer alguna maldad, y en verdad le gustaba hacer maldades ... mientras las hacía. Después diría, "¿Por qué lo hice? ¿Por qué soy tan mala?"
La mamá le enseñó muchos versículos de la Biblia, y luego de estudiar en la escuela, ella pudo leer en su propia Biblia. Sabía que hacer maldades era pecado y que "todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios." A ella le gustaban los versículos de Juan, capítulo tres, del catorce hasta el dieciocho, y sobre todo Juan 3:16, "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna."
Pero las palabras de Juan 3:36 le daban miedo: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él." Dios ama al pecador, pero tiene que castigarle por el pecado. Ruthie sabía que "Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores," y realmente quería ser salva.
En un rincón de la sala, delante de un estante, había un sillón. Muchas veces Ruthie se escondía detrás del sillón, donde se arrodillaba tratando de ser salva. No quería que nadie la viera, pero allí, medio escondida, pensaba, "Si alguien me ve, creerá que estoy mirando las cosas lindas nada más." Ella trataba de creer. Desde luego creía lo que decían los versículos de la Biblia, pero no entendía lo que significaba "creer en Jesús." Cuando no podía "sentirse salvada," se impacientaba diciendo: "¡Yo no voy a poder nunca ser salva!" y se iba corriendo para hacer otra maldad.
Cierto día cuando Ruthie había sido muy desobediente, la mamá le tomó, y llevándola a la sala, la colocó en el sillón. Se sentó delante de su hijita y le habló seriamente acerca de su maldad. "No sé que hacer contigo, Ruthie," le dijo, "tú eres tan desobediente."
Ruthie, cabizbaja, pensaba, "Mamá está tan enojada conmigo ... soy tan mala ... y Dios también está enojado conmigo ... " Parecía una tremenda nube que pendía sobre su cabecita.
De repente le vino a la mente: "Pero Jesús murió por mis pecados." Ella había aprendido que Jesús murió por los pecados del mundo, pero en ese momento entendió que Jesús murió por los pecados de ella.
Ruthie levantó la vista y dijo: "¡Mamá, yo soy salva!"
"¿Por qué dices eso, Ruthie?" le preguntó sorprendida.
"Porque yo SE que soy salva. Jesús murió por mis pecados."
En ese instante Ruthie creyó en Jesús, pero ella no pensó en "creer," sino que entendió que Jesús murió en la cruz por ella, como si ella fuera la única pecadora en todo el mundo.
Si ustedes piensan, "Y a lo mejor ella siempre fue una perfecta angelita después de esa fecha," están bien equivocados, porque no lo fue, pero sí, fue cambiada. Su Salvador, su Biblia y sus padres le ayudaron. No le dijeron que ella era demasiado chica para entender, sino que dieron gracias a Dios porque él les había contestado sus oraciones, salvando a su hijita.
Les he contado como una niña pequeña fue salva, recibiendo a Jesús como a su Salvador personal, y espero que cada uno de ustedes haga lo mismo.
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